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28.2.12

El Universo de las Hormigas


                Es el mundo real, nuestro mundo. Existe un pasado mágico que se ha perdido, un pasado desconocido que sólo sobrevive en sueños y delirios, en un mundo que es reflejo de éste pero que hoy por hoy es inalcanzable. Las Guerras Secretas, o cómo se les conoce mejor, las Guerras Sagradas, son la batalla entre las diferentes fuerzas que han buscado hacerse con el poder. Las guerras son infinitas y cíclicas. El ganador de cada guerra tiene el derecho a gobernar el mundo durante un año platónico (25776 años) y a modificar los hechos y conocimientos que se tienen de tiempos anteriores. Las fuerzas antinatura ganaron la última Guerra y han modificado para que la magia muera y no exista posibilidad alguna de ser derrotados. Así comienza nuestra era, contaminando y mintiendo, haciéndonos creer que los pueblos antiguos no eran más que pequeñas comunidades perdidas en el continente, en lugar del pasado glorioso que aconteció realmente.

                Habrá una nueva Guerra que se dará inicio en 2036 con el Proyecto Babilonia en América. Este hecho desbalanceara las cosas y la magia volverá, devolviendo el caos al orden establecido. Habrá una época confusa sin arribas ni abajos, una época borrosa difícil de entender, dónde la magia gobernará y nuestros sueños se desbordarán sobre la tierra. Será llamada La Era de la Anarquía, pues nadie gobernará del todo, más que hombres poderoso. La Tierra se quemará y será reconstruida de nuevo, algunos recuerdos de Nuestra Era (Conocida como La Edad de la Ignorancia) sobrevivirán y se confundirán. Habrá Nuevas religiones basadas en libros de Borges y Álbumes de Rock, como 2112. Y los Dioses regresarán a la Tierra. Grandes héroes y Villanos se enfrentaran hasta que el orden se restablezca de mano de las nuevas fuerzas en conflicto: La Sagrada Iglesia del Dios de la Luz, conocida como La Alianza; que buscarán el asesinato de la magia siguiendo el legado de los Antinaturales; y los Indóciles, nuevos pueblos aborígenes que buscarán la comunión con la naturaleza y la comprensión intuitiva de la magia, con responsabilidad y armonía.

                Ésta era pasará, y comenzará la Era Samética, cuando la magia sobreviva pero éste controlada y Cleomenes de Samético recorra el mundo para escribir nuestra nueva historia. Grandes ciudades se alzarán: Santa Imperatriz, Nueva Virgen de la Tirana, Insurgentes de Río Grande, Liga Plateada, San Caos, Ciudad Purgatorio, Ciudad del Crimen, Milodón City. La guerra continuará, secreta, conspirando los unos y los otros. Los equipos variaran, pero siempre existirán Naturales y Antinaturales.

                Los XIII de la Muerte serán la última fuerza natural en defender la Tierra, fracasaran ante un enemigo insospechado. Grandes Hombres de nuestra era abandonaran la Tierra para retraerse en el estudio de las Artes Ocultas, cuando la magia deje de ser un licor fuerte y se convierta en un vino avinagrado. La última esperanza estará fuera de la Tierra, dónde la Guerra Secreta ya no tendrá sentido.

26.12.11

Mitos



                Los relatos de los Nkau Iché empiezan todos remontándose al nacimiento de la Tierra. Con respecto a ella, se narra lo siguiente:

                En un principio no había forma ni sustento, no había arriba ni abajo, no había realidad. Todo era sueño. Llenando todos los límites, un ser único y múltiple y absoluto soñaba brumas confusas, como un feto preparándose para el parto. Era el Único, el Durmiente. Era el Universo y los Universos, era el Mundo y los Mundos, era la escancia misma de la realidad. Comenzó a soñar que florecían las estrellas como semillas, que brotaban planetas y en ellos brotaba la vida. Soñaba con el día y con la noche, con los desiertos y con las selvas y con el mar. Entonces soñó con Ella y un dolor agudo atravesó su cerebro, como un taladro. Y desgarrándose de él como siameses mordiendo la carne que los une para romperla, algo se separó de él. Y entonces el Durmiente despertó y ya no existió nunca más, y todo lo que estaba soñando se derramo sobre el espacio vacío que hasta ese momento el había llenado.
                Lo que se había desprendido de él era la Noche. Una Mujer, un Monstruo, una Hembra. Un demonio, un dios. Una Madre. Era la Madre Noche. Y flotando en el cielo se arrastró sobre sus múltiples extremidades para dejarse caer sobre el planeta que había soñado el Único.
                El Planeta era un lugar árido y frío. Solo sombras deambulaban por su superficie, y fieros dioses acechaban para hacerse con el control del lugar. Ma Kuy el Alto y Oscuro, cuyo cuerpo parecía una herida abierta en el cielo, con una blasfemia cincelada en cada colmillo de su macabra sonrisa y vestido con retorcidos girones del manto del vacío era uno de los mayores competidores por hacerse con este pequeño jardín yermo, pues tenía la intención de sembrar demonios y posicionar su fundo para atacar desde allí a fuerzas superiores. Apartó del caminó a otros Dioses menores, en una sangrienta batalla que acabo en masacre, asesinando a poderes como Giur Doi el Gigante, sembrador de montañas; o Kasyül, doncella de la luna. Los cadáveres de los caídos comenzaron a adornar el árido mundo, dándole forma y relieve. El Planeta estaba a su merced. Pero no todo sería tan fácil para él. Sobre el yermo jardín aún se levantaba alguien.
                Arsalakén el Furioso es el primer héroe de la cosmogonía de los Nkau Iché. Había brotado de la tierra como una flor nocturna. Había nacido de la ceniza misma. Su piel era negra como el carbón, y su cabello gris como la ceniza. Sus ojos eran brillantes como dos braceros, y de su boca brotaban fieras palabras altas como lenguas de fuego. Su nombre significaba "Quemar”. Cuando Ma Kuy se abalanzó sobre el jardín de cenizas, Arsalakén levantó una montaña y se la arrojó a la cara. Furioso, Ma Kuy preguntó quién se atrevía a desafiarlo.

- ¡Yo! Mi nombre es Arsalakén, y soy el primogénito de esta tierra. He nacido en la noche de los tiempos y no permitiré que claves tus colmillos ponzoñosos en mi hogar.

                La dura batalla entre el campeón del Jardín y el Alto y Oscuro duró 47 días. Al amanecer del día 48, Arsalakén arrancó la cabeza de Ma Kuy.
                Del torso decapitado comenzó a brotar sangre, que se derramo por los campos en forma de lluvia. Flores comenzaron a brotar dónde antes sólo había desierto y cadáveres de dioses menores. Entonces la loba múltiple, la más grande de todas, se dejó caer sobre la tierra. Arsalakén conoció así a la Madre Noche.
- Eres el digno protector de este lugar sagrado, Arsalakén. Yo soy la que siempre ha sido, la que existía cuando el durmiente soñaba con brumas. Acércate a mí, no soy tu enemiga. Seré tu aliada.
                Y el amor inflamó al primer héroe al hundirse en el pecho de la Madre Noche y encontrarse en el corazón de ella.
                De la unión del héroe y la Madre Noche nacieron siete próceres, la primera generación de aquel nuevo mundo. Tres machos y tres hembras, cada uno único en apariencia y habilidades, cada uno brillante y hermoso a su manera. Entonces él gran héroe Arsalakén se despidió de sus hijos y abrió su pecho resplandeciente hecho de fuego puro.
                El Corazón de Arsalakén quemaba con tal intensidad que era imposible mantenerlo en su cuerpo, por ello, ascendió a un plano mayor de existencia prometiendo que velaría por sus hijos, trayéndoles luz y seguridad. Su corazón inflamado en llamas se elevó por el cielo: Es el Sol. Arsalakén trajo el día.
                Su cuerpo fue guardado celosamente en el paramo en dónde nació él y sus hijos. Se le enterró en un nicho que cubrieron con tierra y excrementos de animales. Al principio no se dieron cuenta, pero tras años fue evidente que sembrar el cuerpo del héroe tendría consecuencias: Allí se alza ahora el árbol milenario de Ibnos Can, en el centro mismo del Jardín de Acracia.
                La cabeza de Ma Kuy fue lanzada al cielo, en dónde brilla ahora con la pálida sombra de un fantasma: es la Luna. Su cuerpo esta bajó el mar, y de él han brotado los animales que sueñan bajo las olas. 

1.- Es importante verificar que los Nkau Iché reconocen la Tierra como un planeta, sabiendo perfectamente que este es redondo y amplio y lleno de mar, a diferencia de otras tribus más ignorantes al respecto. Los Acádemicos Adres Hellsinsky y Benjamin Ming han teorizado que al ser una etnia de Después de la catastrofe, es probable que hayan guardado en sus memorias información previamente conocida (a.k.a: Geografía). Esto no explica, sin embargo, porque otros pueblos indóciles son ignorantes en la materia. También se contradice con el estado de organización de los Iché, desparramados en tribus perdidas y aleatorias con apenas ceñas de liderazgos fuera de un par de caudillos, y viviendo prácticamente en la anarquía.

17.6.11

QUINCE

    Toda la fama que cultive durante aquellos meses, todas las misiones que acabé con éxito y orgullo, todo el ingenio derramado en pos de los Cóndores no valió nada cuando me vieron llegar, mugriento y harapiento, con balbuceando no sólo que la misión había fracasado, sino que además los demás habían muerto. Una mancha en mi vida, siempre me culparon de aquel acontecimiento. Yo era el mejor, y los dejé morir, el mejor y huí de allí. Pero lo peor vino cuando les dije lo que vi. Entonces Valente se llevó las manos a la cabeza y gritó.
- ¡Mierda! ¡Ahora no!
    El Evento Rausten se trataba a todas luces de una prueba del poder destructivo de aquel espécimen. Vendrían más, y entonces las Organizaciones libertarias no tendrían posibilidad alguna. Un contingente de ouroboros era un golpe durísimo a la moral no sólo de los Cóndores, sino también del Movimiento que buscaba el fin de la Alianza.
- Justo ahora que estábamos tan cerca de conseguir algo...
    Los ouroboros serían usados, muy seguramente, en el asedio contra Valpuerto. Si la ciudad rebelde caía, el movimiento de liberación quedaría profundamente desmembrado. Pero las malas noticias son como la peste, y pronto llegaron terribles informes.
- Uturuncos venidos del Sur engrosan las divisiones de Urmeyda, Basilgallinazos se entrenan en la frontera con Tahuanta, y ciertos informes señalan que se ha visto un Ukumar en Cruces.
    Yo estuve ajeno a estas discusiones. Marginado, se me dijo que me darían licencia por mi herida. Pero yo había visto combatir a compañeros que prácticamente estaban lisiados. Mientras pudieras mantenerte en pie y tuvieras la voluntad, podías seguir haciendo misiones. Pero a mí, a mí se me había vetado.
    Sólo Pandora solidarizó conmigo.
    Ese día yo estaba sólo sentado fuera de la posada de Entreazulado que aún nos servía de refugio. Había escuchado un par de noticias, pero no tenía casi nada claro. Sin embargo, ya había tomado una decisión. Ahora miraba las estrellas en el horizonte, esperando de estas consejo. Entonces percibí que alguien se había sentado al lado mío.
- ¿Cómo has estado?
    Era Pandora. Su habilidad especial era pasar inadvertida, por eso no la sentí llegar.
- Bien. En la medida de lo posible.
- Lamento mucho que se te trate así. Sé qué lo que pasó no fue tu culpa.
- Si lo fue.
- ¿...Cómo?
- Fue mi culpa. Soy el mejor, y... no hice nada por defenderlos. Sentí miedo y vi cómo morían. Debería haberlos ayudado, debería... debería haber muerto con ellos, como un verdadero guerrero.
- No digas estupideces. Es normal sentir miedo. Y es mucho mejor que estés aquí, con nosotros. Al menos a ti no te perdimos. Necesitamos gente, Lukán. Gente cómo tú, para crear nuestro nuevo mundo.
    Pero a mí ya me empezaba a apestar su nuevo mundo y sus nuevas reglas. Yo no quería formar parte de nada, sólo quería un trozo de tierra en dónde pudiera ser libre otra vez.
- ¿Pero vale la pena, Pandora? ¿Tantas vidas?
- Vale la pena. Ahora, vamos adentro, acá hace frío.
    Miré las estrellas una vez más. Ella hizo lo mismo.
- ¿Te gustan?
- ... Han estado siempre allí, desde que era niño.
- La tribu de Valente decía que se puede leer el futuro en las estrellas. Pero mi madre sabía que en realidad era lo contrario: Las estrellas son el pasado, son el libro escrito de nuestra historia.
- Cuando era pequeño dormía al amparo de mi madre, en el Arenal de los Muertos, y contemplaba el cielo infinito. Ahora... creo que quiero recordar eso.
    Hubo un pequeño silencio. Luego dije:
- Pandora...
- ¿Qué?
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por escucharme. Ahora debo decirte algo más.
- Dime
- ... Mañana...
- Mañana... ¿Qué?
- Mañana abandonaré a los Cóndores.
- !!!
- Iré a Valpuerto a ver si puedo hacer algo para impedir el asedio a la ciudad. Se lo debo a mis compañeros caídos, a Rey, Artillero, a Libra y a Isaac. A mi clan, a Cazaux, y también a ti. Si puedo hacer algo, debo hacerlo.
- ¡No! ¡No puedes! ¡No voy a dejar que...!
    Pero yo ya no la escuchaba. Me levanté y fui a mi habitación.
    Aquella, a pesar de estar plagada de estrellas, fue la noche más negra de mi vida.
    Al día siguiente salí hacia Valpuerto; cuando todos estaban dormidos. Lo que yo no sabía es que los mismo Cóndores tenían preparado salir por la tarde para sabotear la llegada de los contingentes a Valpuerto. Irían los más hábiles, aquellos en que la gente más confiaba, entre ellos, Cazaux y Pandora, con Valente a la cabeza. No sé qué habrá pensado ella cuando viajaba hacia la ciudad porteña, tampoco sé si le dijo a alguno lo de mi viaje individual.
    Eventualmente, Morena sería liberada. Llegarían los gobiernos igualitarios y justos, dónde cada comunidad se regiría a si misma de modo transversal y horizontal, y si bien hicimos mucho y pavimentamos el camino que después otros siguieron, los Cóndores no llegaron jamás a ver su tierra liberada. Murieron mucho antes, y el más glorioso de ellos, Valente, el más sabio y prudente de todos, fue el primero en morir en la Masacre de Valpuerto.

7.6.11

CATORCE

    Mi primera misión fue un suceso. Se trataba de entrometernos en un Campamento de Avanzada de la Alianza, cortar sus suministros y robar catorce documentos que al día siguiente debían viajar a caballo a Hesperia. Esos documentos otorgaban poder a un tal Mersault de Ibacache, y lo hacía dueño de esta zona y de sus respectivos habitantes. Entreazulado era una región históricamente reconocida por su independencia y alejamiento de las políticas aliadas, funcionaba cerrada y lograba mantenerse al margen. Pero desde hacía un tiempo que se venía gestando una forma para tomar el poder de aquel bastión que manchaba la hegemonía por la vía legal. Finalmente las autoridades concordaron que Entreazulado estaba dentro del rango de las tierras que habían sido feudo de Nastar de Ibacache. Su nieto, por tanto, heredaría la ciudad. Nada debía cambiar; sólo habría un terrateniente al cual pagar impuestos. Pero en realidad era una forma de introducir políticas aliadas a la ciudad, además de destruir ese reducto que podría servir de mal ejemplo para las comunidades colindantes.
    Así que llegamos de noche y nos introdujimos un grupo de cinco en las dependencias de aquel campamento, que estaba allí para capturar Indóciles, tal como aquel al que me llevaron por vez primera. Ambos proyectos, el del campamento y el de los documentos, debían ser saboteados.
    Llevamos a cabo la misión sin mayores contratiempos. Saliéndome un poco del protocolo establecido por Valente, me introduje en las guarniciones y robé un traje de interno. Así, disfrazado, me fue fácil acceder al cubículo en dónde se guardaban los papeles; me agazapé en la oscuridad y esperé a que el mensajero llegara. Cuando el reloj Suizano marcaba las 4:59; y el primer rayo de sol se asomó por detrás de las montañas, un chico entró al cubículo y abrió la caja fuerte.
    Nunca supo qué lo golpeó.
    A las 5:01, otro chico, conocido por ustedes como Lancelot; abandonó el cubículo con los documentos. Nadie hizo amago de detenerlo: su misión era primera prioridad. El resto de mi grupo, entretanto, había robado gran parte de las provisiones del aquel puesto, para sumarlas a las propias. Otro grupo de nosotros, tres kilómetros al norte, bloqueaban los caminos con una barricada de piedras para impedir el avance de los muleros que llevaban suministros.
    Cien por ciento de efectividad, y felicitaciones por mi creatividad. Así fui definitivamente aceptado por los Cóndores, y sobre todo, por Valente.
    Al principio no me di cuenta, porque lo hacía inconscientemente. Pero luego noté que disfrutaba de ello: desobedecer deliberadamente a Valente, obteniendo similares o quizás mejores resultados. ¿Por qué lo hacía? ¿Para desestimarlo como líder? ¿Para humillarlo? ¿O sólo lo hacía por fastidiar? No lo sé; ahora no estoy seguro. Pero lo cierto es que aquello provocó dos cosas: Por un lado, que la aparente indiferencia de Valente hacia mi persona pronto se volcara en antipatía y en desprecio; y por otro, que el grupo pronto comenzó a reconocer mi potencial como líder. Y en medio de aquel grupo se encontraba Pandora.
    Ahora bien, mi relación con Valente nunca fue mala, o al menos, no en un principio. Si bien yo no tenía nada en contra de él, tampoco tenía nada a su favor. Él, por su parte, no se mostró muy interesado en mí. Su apatía hacia mi surgió con el tiempo, pero en un principio fue bastante objetivo con el "novato". Creo que al igual que Matius, el sólo me veía como un número, como una pieza que podía resultarle útil en su juego de ajedrez en contra de la Alianza. Pero el peón quería ser rey.
    Aunque también vale decir que no todo fue color de rosa. Y una figura fundamental en este periodo de mi historia es Cazaux.
    Cazaux era mucho mejor guerrero que yo; y es el verdadero protagonista de muchas de las gestas que de mí se cuentan. La historia lo ha relegado a un inmerecido segundo plano, vivir a mi sombra no es lo que una figura cómo él debería tener reservado. Hoy aquí lo reivindico, porque recordar es también una forma de hacer justicia.
    Ya en la tercera o cuarta misión comencé tener problemas en el combate cuerpo a cuerpo. Uno sólo puede confiar hasta cierto punto en sus instintos; a partir de cierto límite requieres además técnica. Cazaux me enseño a luchar con la espada y la ballesta, me enseño a golpear lo menos posible, lo más eficientemente.
    Me dijo que el combate debía ser como el ajedrez: dependía de la cantidad de movimientos que podías prevenir y adelantar a tu contrincante. Así aprendí a luchar y me convertí en el Campeón de los cuentos. Yo nunca supe ocupar armas, cuando mi lof fue incendiado aún no estaba en edad de manejar una lanza. Por lo demás, mi clan era bastante reacio a usar algo más que la fuerza bruta para defenderse. A todo esto, quisiera mencionar que el nuestro no era el único grupo dedicado a la destrucción de la Alianza y el desmembramiento de sus poderes, si no que formábamos parte de un grupo aún mayor, conformado por organizaciones paramilitares, médicas, culturales y de soportes varios tales como Hijos de Quiltrón; Amigos del Águila; Santos Cazadores; Axalotl, entre muchos otros. Para coordinar trabajos con ellos muchas veces Valente debía ausentarse por hasta dos meses, partiendo en jornadas que solía realizar solo para resguardar al resto del grupo. Entonces dejaba a cargo a Lex, con quién yo si me llevaba bien. Y no mentiré: pese a que  muchas veces acaricié la posibilidad de acercarme a Pandora, en la realidad nunca aproveché estas ausencias de Valente para nada, fui bastante cobarde y tímido, además que había ocasiones en que nuestro líder se hacía acompañar por su mujer. Entonces yo me quedaba rasgando la tierra, y soñando con la Madre Noche.
    Así que las operaciones de guerrilla continuaron su curso y yo medí mis fuerzas con Cazaux incontables veces bajo el cielo de Entreazulado. Hasta que ocurrió el Evento Rausten. Allí, las misiones, la vida cotidiana, en fin, la rutina amablemente depositada sobre nosotros rompió su tensión y se derramo por todos lados.
    Fue unos tres días después de Ramos; un día perezoso en que nos hallábamos compartiendo un poco de mate en una choza que teníamos de apoyo en Ofidia, que usábamos de puesto de avanzada. Éramos cinco: Libra, Artillero, Rey, Isaac y yo, en total, tres hombres y dos mujeres. Debíamos vigilar la posible llegada de un destacamento militar ordenado para asolar las tierras del Este, las revueltas insurrectas proliferaban gracias a nuestro trabajo y la Alianza reprimía en nombre del Orden. Uno de nuestros gusanos infiltrados nos proveyó de información útil: al parecer llegarían refuerzos a la Zona de Ofidia, para preparar un asedio en contra de Valpuerto. La Ciudadela porteña, de dónde era oriundo Cazaux, era el foco de resistencia que con mayor violencia se había opuesto al régimen. Ya habían derrocado a tres Cardenales y habían comenzado un gobierno transversal y comunitario que serviría de ejemplo a otras ciudadelas. Por lo tanto, el concejo de Duques y el Archipapa habían comenzado un movimiento de contrarrevolución que partiría con esta ciudad estratégica, y continuaría al parecer con la independiente Entreazulado.
    Nunca pensamos qué clase de refuerzo sería.
    Arrasó nuestra casa en una sola barrida, y fue por accidente. Volamos todos por las aires y durante unos segundos no comprendimos que sucedió. Entonces caímos al suelo y le vimos de frente.
    Yo sólo había oído hablar de ellos en leyendas, y dudaba de su veracidad. En San Linus corrían rumores de que en una Isla del Norte, Santa Vaudelaire, se ubicaba una granja dónde crecían y se multiplicaban.
    Un Ouroboros. Una Salamandra Gigante. Voraz, llena de dientes, inmune al fuego y al acero; su piel respiraba y expelía humos, sus ojos, vacíos, no necesitaban ver en la oscuridad.
    El Dragón de la Leyenda.
    Mis compañeros se levantaron. Todos estaban dispuestos, listos para la batalla.
    Fue justo así cómo murieron.

25.5.11

TRECE

    Verla por primera vez fue nacer de nuevo.
    Oírla cantar, morir a sus pies.
    Ella fue quien por vez primera me llamó Ocelotl.
    Pandora. Dijo que se llamaba Pandora.

    ¿Mujeres? Rowen y Leng alguna vez me hicieron esa pregunta. Yo estaba comprometido, en los Nkau Iché, con Doma, la hija de Chirkún. Nuestra descendencia debía ser fuerte, montañesa. Serían varones de la tierra, con tótems aves y reptiles.
    Vi morir a Doma el día del asesinato de mi clan. La violaron tres hombres, y luego la rociaron con combustible.
    En las noches, a veces aún siento el olor a carne y pelo quemado, y escucho los gritos en mi mente. La imagen es demasiado dolorosa, ella era ya mi esposa, porque los compromisos de los Iché son indisolubles. Pasó tiempo antes de que me replanteara el unirme a una mujer, tiempo antes de pensar en que mis tradiciones no me servirían para sobrevivir.
    Es muy doloroso de recordar. Esto jamás se lo había contado a nadie.
    En el campamento había Indóciles hermosas, pero yo aún estaba traumado. Sólo entable amistad con Wendikán, y hablé poco con él. En ese momento, en mi corazón solo había sitio para la venganza.
    En San Linus tuve mi primera "novia": Ninsai, la hija del tabernero. Pero yo estaba atareado, atareado planeado mi venganza, buscando nombres y pistas; atareado sobreviviendo en esa ciudad de mierda. Ninsai tenía una mejor amiga; la Casia. Cuando ella murió, Ninsei se alejó de mí. Me culpaba por la muerte de su amiga. Y quizás tenía razón.
    Casia era Indócil, como yo. No lo supe hasta que ella murió. Su estirpe era la de las Araucarias. Su padre era Valerian, el carpintero. Había violado deliberadamente las leyes de la ciudad y había llevado a vivir consigo a una mujer Indócil de las llanuras.
    La mujer murió en el parto. El carpintero se hizo cargo él solo de la hija, y la llamó Casia, como su madre. Durante mucho tiempo fueron felices. Lo sé. Valerian era sólo un hombre que amaba a su hija, que aparte de eso no tenía familia. Estaba solo. Pero tenía un vicio: las apuestas. Comenzó a perder dinero, luego propiedades. Finalmente todos sabíamos que le iban a quitar el local.
    Pero del lejano Sur llegaron Caballeros Rojos, los más temibles ejemplares de la Alianza. Apuntaron al carpintero con armas negras y le dijeron:
- Viejo de Mierda. Escucha. Debes tanto que ni siquiera naciendo de nuevo y trabajando cada uno de tus días hasta cumplir cien años podrías pagarnos. Así que haremos un trato.
    Uno de ellos tomó a Casia por la espalda, y la llevó bruscamente al centro de la taberna. El que había hablado, al parecer el líder, dijo en voz alta.
- Una muchachita muy linda ¿no? Lástima que tenga sangre de perra en sus venas- la abofeteó, brutalmente. Valerian intentó zafarse, pero lo golpearon en el estómago para que no se moviera.
    Yo estaba allí. Era un día normal en la taberna, y de repente habían aparecido estos cuervos a amargarnos todo. Y nadie hacía nada. Recuerdo que Ninsei me dijo:
- ¡Trewán, has algo!
    Era el único lo suficientemente temerario y estúpido como para oponerme a ellos. Me levanté y me acerqué decidido al líder. Pero se antes que pudiera hacer nada, se voltearon y los vi. Dos círculos, verticales, y una luz roja. Y entonces...
- ¡Trewán, no!
    Había oído y visto un par de armas en mi vida. Revólveres, fusiles, pistolas... Esto era distinto. Eran armas negras, macizas. Limpias, no rusticas. Sentí miedo. NO podía moverme. Dudé, quizás, un segundo. Ese segundo bastó para que dos Caballeros Rojos me masacraran y me dejaran vomitando sangre en el piso.
    El que había gritado era Rowen. El conocía esas armas. Vaporizadores, les llamaba. Ese día supe por qué.
- ¿Alguien más? ¿Alguien más quiere hacer el ridículo?- el líder hablaba con voz desafiante. Eso me provocó, e hirviendo en ira intenté levantarme de nuevo, pero me gané una patada más en la quijada. El líder susurro, mientras me apuntaba con su arma:
- Una sola vez más, y ya no contarás esta historia.
    Entonces hizo un gesto y dos hombres, uno de cada brazo, estiraron a Casia. El líder se alejó de mí y volvió a hablar.
- Retomando el tema... esta perra, que está aquí, es una mancha en nuestra sagrada ciudad. Y cómo alguien bien nos informó, este lugar debe ser purgado. Este el trato, viejo. Se te permitirá seguir viviendo, pero te quitaremos todo lo que tienes. El local, el dinero, y tu... "Hija"- y se largó a reír.- Muy bien. Carles, procede.
    Uno de sus hombres entonces se colocó frente a Casia y la apuntó con su arma. Dirigió y cuadró bien el tiro, y disparó.
    Los otros dos quedaron sólo con los brazos en las manos. Y entre ellos, una mancha de sangre en el piso y un par de tripas quemadas en la pared.

    Cuando me mudé a la zona Neutral de San Linus, dejé de ver a Ninsei. La última vez que la vi, en la calle, no me saludó. ¿Qué será de ella?

    Ahora estaba en Entreazulado. Lo primero que hicimos al llegar a la polis fue tomar unas cervezas y comer algo que no hubiera sido despellejado entre la tierra. Luego, a dormir. Ya habría tiempo de presentarme en sociedad.
    Al otro día, un grupo heterogéneo llegó al local dónde habíamos comido y dormido. Eran los Cóndores.
    Cazaux se encargó de las formalidades: este es blablablá, hace blablablá, podría blablablá. Yo los miraba de uno en uno. Eran ocho: cinco hombres y tres mujeres. El más viejo era un hombre de unos cincuenta años, delgado y con el cabello blanco; la más joven, una chiquilla de no más de quince, de cabello castaño y pecosa. Todos parecían buenos luchadores, y si me hubieran preguntado, habrían pasado por un grupo de mercenarios. Quizá esa era la fachada que ocupaban.
- Muy bien- dijo un hombre de unos treinta años, de cabello pardo y tez tostada - Mi nombre es Valente, pero desde ahora en adelante me llamarás Middrin cuando estemos en misión. Son nombres claves que nos damos, así es más complicado que se nos identifique. Según dice Cazaux, eres apto para la sobrevivencia y el combate, así que no deberás pasar ninguna prueba, ya que me fío de su palabra. En dos días más te encargaremos una misión menor, para probar que tal eres en infiltración y sabotaje. Desde ahora, tu nombre en misión será Lancelot.
    Luego hablamos de otras cosas, más que nada anecdóticas. La mayoría consideró increíble el que un Indócil como yo hubiera sobrevivido tanto tiempo en San Linus. Percibí desconfianza en ellos cuando supieron que había contado con el favor de Matius, es más, no les gustó mucho que hubiera pasado tanto tiempo en la catedral. A raíz de esas conversaciones surgieron estas palabras, entre Cazaux y Valente.
- Por cierto... la misión Ángeles fue acabada con éxito.
- Excelente, Cazaux. ¿Algo que acotar?
- ...no
- Entonces no haré preguntas-
    Noté la tensión, pero pasó. Seguimos hablando, ordenamos algo para comer y beber. Y entonces llegó ella.
- ¡Miren! Ahí viene Pandora.
    Yo estaba allí, indiferente, y medio distraído me volteé. Al verla, mi mundo gris se volvió en colores.
    Era blanca, tan blanca como la porcelana, y su cabello negro azabache. Me recordó a la Madre Noche, al arenal en que había crecido, me recordó la Luna que regía mis sueños en el cielo. Finalmente, me recordó a mí mismo, pintado en colores contrarios a los de ella.
    Me miró, y sonrío. Y entonces no necesité nada más: los dioses me habían colmado de cuantos tesoros había en la Tierra.
    Pero era la mujer de Valente.
- Esta es Pandora, encargada de operaciones de guerrilla. Su nombre clave Morrigan. Cuidado con ella, es una bruja. Y te lo digo yo - Valente se largó a reír, y ella le dio un pellizco, en broma. Ambos eran felices, y me sentí podrido por dentro.

    Así fue cómo quedé integrado al grupo de insurgencia Cóndores de la Libertad. Es importante hablar de ello, ya que fue junto a ellos, y sobre todo de Cazaux, que comencé a forjar mi historia cómo héroe. Aunque, si es por mencionar algo, es también dónde comencé a ser conocido como Lancelotl el Traidor.

16.5.11

DOCE


    Creo que fue la forma en la que masacré a esos bandidos lo que determino que Cazaux me reclutara en su grupo. Muchas veces después oiría cómo narraba el hecho.

    "Era imposible, lo primero que pensé. Nos tomaron por sorpresa y ese es el peor panorama que te puede tocar en Malpaso. Los Zúcares controlan la región, pero igual te puedes bancar una banda si son pocos o estás precavido. Pero nos superaban en uno a diez, y estábamos siendo amenazados. Yo la vi, en serio. Dije 'acá nos fuimos a la mierda'. Por último ver si podíamos huir, pero yo sabía cómo operaban. Son como animales, si te metes en su territorio, te rajan. No teníamos nada de valor encima, si lo hubiéramos tenido, habría sido peor. Habrían insistido en buscarnos algo, hasta la muerte.
    "Y entonces este otro va y se para frente al jefe. El jefe se mata de la risa y hace un gesto casi imperceptible. Uno de sus hombres va a pegarle un culatazo a este otro, al Lukán, por la espalda, cuando se agacha con unos reflejos que no sé de adónde habrá sacado y le planta unas patadas al que le iba a pegar y al jefe. Y de repente se armó el caos y todos arremetían contra él, y volaban por el aire. Si este Lukán es muy parado, en serio. Había que tenerlo en el equipo
    "Si no fuera por él yo no estaría aquí contándote esto, hermano"

    La verdad es que yo también estaba cagándome de miedo, pero ¿Qué se le iba a hacer? Si hay una mínima posibilidad de vivir, y si de todos modos no perdía nada... Después de eso corrimos todo lo que pudimos, perdida la compostura, creyendo que nos respiraban en la espalda y que la iban a  cobrar cara. Porque cuando cuentan esa gesta es todo muy heroico, pero la verdad es que volábamos como mariposas, así de penoso.
    En fin, lo logramos. El miedo nos dio alas y logramos salir por fin de ese laberinto infecto, hacia la luz y la libertad. Y aún después de salir seguimos corriendo aunque nadie nos perseguía, de puro miedo. Y no paramos hasta llegar a un lago cuyo nombre no sé y nos metimos de cabeza para escondernos bajo el agua si pasaban los bandidos buscándonos.
    Fueron tres minutos de larga tensión, y cuando pasó todo... nos largamos a reír. Y nos reíamos nos abrazábamos. Creo que fue allí cuando Cazaux se convirtió en mi amigo.
    Así que me explicó muy bien las cosas.

- Bien, te anotaste un poroto...
- Lukán - dije. De repente sentí que ese era mi nombre. Así que lo repetí, por instinto - Lukán.
- Ya. Mira Lukán, te voy a decir algo. Hace unos días te dije que me iba a reunir con unos amigos. La verdad es otra. Estos "Amigos" en realidad es un grupo de resistencia que aboga por el fin de la Alianza en Morena, y la constitución de gobiernos comunitarios en cada región, conviviendo unos con otros en apoyo y respeto. Sabemos que podemos lograrlo, pero necesitamos gente. Gente cómo tú.
- ...
- ¿Qué dices?
- ... tengo algo que hacer primero.
- ¿Se puede saber?
    Un silencio prolongado. Luego le narré mi historia.
    Sus ojos se perdían en la espesura. Me escuchó en silencio y sólo hizo escasas intervenciones para preguntarme un par de cosas. Luego sentencio:
- Antes tenía la sensación de que debías estar con nuestro grupo.
- ¿Y ahora?
- Ahora estoy seguro de ello.

    Así que así partimos, y me hice parte, al menos de manera preliminar, de los Cóndores de la Libertad. Este grupo de guerrilla, sedicioso, buscaba desarticular el gobierno de polis aliadas e instaurar comunidades independientes, multiculturales, en donde la vida pudiera ser más sencilla, libres ya del yugo y de las imposiciones de aquel imperio decadente. Su objetivo último era expulsar a los Aliados de Morena, para lo cual tenían planificados ciertos magnicidios estratégicos. Uno de ellos, en contra del Arzobispo de Sabuesos, Lucio el Intocable.
    Era una tarea titánica, prácticamente imposible. Lucio era uno de los hombres más poderosos de Morena, algunos argumentaban que incluso más que el Gobernador Continental. De ascendencia hiperbórea e inmensamente acaudalado, profesaba un feroz desprecio por aquellas razas que consideraba inferiores. Actualmente dirigía una empresa personal, respaldada por su iglesia y su gobierno: la Santa Purga; el exterminio sistemático de las razas autóctonas del territorio. Él, más que nadie, era el culpable del asesinato de mi Clan.
    Lucio. Escucho ese nombre y me hierve la sangre.
  
    Marchamos aún dos días más, cazamos liebres para comer, y dirigimos nuestros pasos al noreste, hacia los valles y luego al gran Rio Galván, y la ciudad de Entreazulado.
    Allí conocí a los que serían mis compañeros de armas, mis amigos, y algunos de ellos, mis más feroces rivales. Pero hay un dato que es más importante que todo eso.
    Y es que allí la conocí a Ella.

6.5.11

ONCE


    Corríamos a través de la lluvia, y tras nosotros una horda de antorchas se alzaba a los pies de la colina. San Linus gritaba un grito de agonía: el reverendo Matius había muerto.
    Lo que acababa de presenciar había sido grotesco y de algún modo hermoso. NO había entendido ni la mitad pero sabía que había algo innecesariamente retorcido en todo eso.

- Al fin.
    El primero en hablar fue Matius. La sala de estudias parecía más tranquila y limpia de lo habitual, pero una especia de mugre invisible, una especie de desgano o desazón había cunierto todo con una fina película que parecía imborrable.
    Patético; Cazaux lloraba.
- No sabes toda la mierda que he tenido que tragar para llegar hasta acá, Matius. No sabes todo lo que tenido que hacer. ¿Crees que te voy a perdonar? ¿A perdonar el hecho de que me recibas tranquilo, sonriente? ¿A que aceptes la muerte y hasta la esperes, cómo si la merecieras? La muerte es demsiado buena para ti, Matius, demaisado simple y piadosa, pero no se me ocurre nada más, porque no puedo dejart que sigas viviendo. Pero te lo prometo: el infierno te parecera el cielo después de lo que te voy a hacer.

    Matius, en silencio. Seguía impasible como un ente celestial, de otro mundo, forjado frío cómo el hierro. Pero sus ojos de azul invernal parecían derretirse poco a poco. Un indecible dolor se acumulaba en ellos: sabía que lo torturarían, y sabía que no era ni la milesima parte de lo que merecía.

- Estoy cansado. Todos estos años... dudando, preguntandome el por qué las cosas fueron así, atormentado, indeciso, maldito por el mundo. ¿Por qué me hice mercenario? ¿Por qué mandé a la mierda el negocio familiar? Porque era tu obra, tu lo construiste, usando a mi padre y a mi como tus titeres cuando ese mestizo de mierda te cuidaba... nosotros creiamos en tu inocencia infantil, pero ahora veo muy claro que estás podrido desde tu nacimiento. Estoy harto de hacer las cosas que tu quieres, estoy harto de tener que seguir tus ordenes... y ahora que porfin me he resuelto a matarte me miras así, cómo si tu lo hubieras decidido, cómo si esto no fuera si no otra más de tus ordenes. Pues ¿te digo algo? No es así. Es mi desición, deja de hacerlo, grita. ¡Grita, hijo de puta! ¡Implora piedad! ¡NO te quedes ahí mirando, no lo hagas! ¡Pideme perdón, bastardo de mierda! ¡PÍDEME PERDÓN!

    ...Y mientras decía esto había comenzado a golpearlo, a descuartizarlo con sus propias manos, a arrancarle las entrañas y a meterselas por la boca, a un hundirle los dedos en el ojo derecho y revolverlo, a cortarle las piernas. Y Matius no hacía nada. Sólo lloraba y aceptaba la muerte, la muerte que el mismo había decidido hace años, la muerte que no había evitado pudiendo hacerlo. La muerte con la que se despedía, liberaba y en cierto modo condenaba a Cazaux.

- ... Era mi hermano.

    Cuando Cazaux me lo contó, tiempo después, quedé en shock. Este es el "cuento" completo.

    La historia oficial era que el padre de Matius había muerto de cacería, y su madre, en el parto. Al menos eso fue lo que le dijo Cahuache a Matius cuando éste preguntó. Cahuache, fiel sirviente de L'erain, que en esa éopca no era más que un aristocrata de Valpuerto venido a menos, un inmigrante de Hiperborea que se había farreado todas sus oportunidades, y sólo tenía un apellido consigo. Ese apellido lo mantenía de cuando en cuando en reuniones sociales; o viajando para vsitar algún "socio"... Pero su estabilidad podía romperse en cualquier momento. Por eso se casó con la viuda Leika, hija del cacique Lipai y dueña de una gran fortuna, capital con el cual comenzó un negocio. Nadie podía enterarse de sus relaciones ilegitimas, estando ya casado, con una pueblerina. Esta fue asesinada, y el hijo entregado al cuidado del mestizo Cahuache.
    Nunca entrometerse. Sólo una pregunta.
 "¿Niño o niña?"
 "Ni lo uno ni lo otro, mi señor"
    Por alguna razón le odió. Siempre le odió, odió el hecho de que existiera, odió ser el padre de aquel ser ambiguo, que por alguna razón parecía más maduro que él y que cualquiera de sus trabajadores. Iba a la fabrica de fusiles y observaba la fragua cuando sólo tenía cinco años. Habló un par de veces con L'erain, a quién llamaba "Señor", desde el amparo de su inocencia infantil hizo un par de observaciones, dejó entrever un par de consejos. L'erain los siguió como poseido por una fuerza inhumana a la que no podía contradecir. Sus ganancias se multiplicaron, se volvio redituable y conocido. Pero no era feliz, porque ese dinero se lo debía a la perspicacía de un niño, de una niña.
    Le molestaba verlo jugar con sus otros hijos, le molestaba que se hiciera amigo de Cazaux, que heredaría el negocio y la fortuna, que heredaría el nombre L'erain.
    Cuando Matius se volvió clérigo supo que llegaría lejos mientras no lo descubrieran. Las habilidades innatas del niño lo convertirían algún día en Arzobispo Regional, quién sabe, en Archipapa. Lo extorsionó y ganó dinero, pero, más imporatante que eso, se deleitó con el sufrimiento del otro. Deseaba manipularlo, no ser manipulado. Su patetismo lo llevó un día a la muerte, cuando una sola lágrima corrió por su mejilla al reconocer su propia estupidez, antes de que el hierro atravezara su carne. Fue una ejecución limpia contra un traidor. Le acorralaron en el despacho y lo amenazaron con los sables antes de matarlo ¿Algo que declarar?
    Nunca entrometerse. Sólo una frase.
 "Diganle a Matius... que cuide a su hermano Cazaux"

    Debí acostumbrame a Cazux aunque el no acep'taba del todo mi compañía. Esperaba seguir el viaje solo. Cuando por fin pudimos parar a hacer un descanso, en el bosque, le expliqué mi situación.
- Así que tu también eras un peón en su juego.
    Pero después ya no habló, y quedó expresado de forma tácita que seríamos compañeros.
    Cazaux era mercenario, pero primero era cazador. Perseguía bestias y las capturaba o eliminaba según fuera el encargo. Las cicatrices de su rostro eran rectas, del mismo largo y paralelas. El zarpazo de alguna presa rebelde.
- Viajaremos juntos hasta Travesía, de todos modos, nos conviene más que ir solos. Después de eso podemos separarnos, si bien tengo entendido, debes ir a Sabuesos.
- Así es. ¿A dónde piensas ir tu ahora?
- A Entreazulado, a reunirme con unos amigos. Tengo una misión que cumplir, así que será bueno acuartelarme con ellos.

    Quedó decidido que seríamos compañeros de viaje por un tiempo extremadamente breve. Tan breve, quizás, cómo el que yo planeaba pasar en la Catedral de San Linus.
    La Zona de Malpaso es montañosa y plagada de árboles plenos de sotobosque; se extiende desde San Linus hacia el Este en un terreno irregular y hostil. A pesar de todo, se habían logrado abrir un par de caminos entre la espesura por dónde cruzaban los cargamentos encargados de llevar los frutos del comercio con ultramar. Esto había vuelto la zona peligrosa, pues al terreno se le sumaba la dificultad de evadir a los bandidos del camino. Por ello era recomendable no viajar solo por esos lares, pues en cualquier momento una emboscada podía dejar tu cuerpo olvidado al fondo de un barranco. Serían cuatro días de marcha si nada nos atrasaba.
    Nos adentramos en la espesura con lo puesto, esperando que la jornada no fuera demasiado mal afortunada.

    El primer día transcurrió sin percances, hacia la puesta de sol habíamos construido un refugio que nos aislara del piso y de sus insectos carnivoros.
    El segundo día sufrimos el primer delay: se largó a llover comos i el cielo vomitara sobre sus entrañas. Los aguaceros de Malpaso tiene la peor fama; debimos trepar hasta la copa de unos árboles para resguardarnos de los aluviones. Era imposible proseguir así. Aprovechamos ese día para guaradr fuerzas: el día siguiente iriamos a doble ritmo para recuperar el tiempo perdido.
    El tercer día fue cansador, pues nos adentramos en la zona más escarpada de Malpaso. Nada nos podía detener, así que apartamos ramas y descendimos riscos lodosos por el agua reciente, y no nos detuvimos en ningun momentoa descansar. Dos veces nos retrasamos: una, cuando debimos vadear un río que había crecido demasiado, y que nos hizo perder la ruta, otra, cuando nos enfrentamos a un par de Casuares. Los magnificos felinos estaban en época de apareamiento, me dijo Cazaux, señalando el collar de plumas que les crecía en rededor del cuello, lo que los volvía extremadamente agresivos y territoriales. Debimos esquivar a uno bordeando el rango de su olfato y sensación territorial, esto es, quinientos metros más o menos. Pero el segundo nos atacó y la batalla contra él nos hizo perder parte del tiempo que teníamos presupuestado. Cazaux le aplicó una llave al animal para calmarlo. Según él, sin trabajo no había necesidad de matarlo.
    Y al amanecer del cuarto día despertamos siendo apuntados con fusiles y corvos. La Banda de los Zúcares, más rápida que nosotros.

16.4.11

DIEZ

    Dos profundas cicatrices surcaban el rostro de Cazaux. Llegó en invierno y sumió en la más oscura de las noches a San Linus. Yo, debido a mi condición de Hombre bestia, me vi forzado a abandonar la ciudad para eludir las acusaciones y la muerte a la que se me condenaría. Desde entonces comencé a viajar con aquel forastero de cabello y bigote rojizo, ojos grises y perfil aguileño, cuya espada se manchó con la sangre de Matius.
    El reverendo se había acercado a mi más o menos un mes después de mi llegada al Seminario, pero sólo para hacerme preguntas triviales sobre cómo me iba sintiendo en aquellas instancias. Creo que le alegró verme inmerso en los estudios, si bien no estoy seguro del todo que al reverendo algo le alegrara o apenara: parecía un espíritu ultramundano; algo que no pertenecía a este plano de existencia.
    Cuando hube estado un año allí me corte el pelo, que había crecido largo y ensortijado a lo largo de mi espalda. Me había puesto ancho y mis músculos se tonificaban por el desarrollo, aprovechaba de trotar en las mañanas dentro de los jardines de la catedral, que se extendía varias yardas. También me afeité la barba cerrada que parecía comerme el rostro: ya no era el mismo que había salido del Arenal. Ahora me parecía más a mi padre. No me reconocí en el espejo, pero de todos modos ahora era Trewán y no Lukán, así que no le di demasiada importancia.
    Pasó un año antes de tener una conversación seria con el reverendo, que me rebautizó con un nombre aliado, como correspondía a los "adoptados" por la Iglesia: mi nombre pasó a ser Raziel; acepté el cambio un tanto indiferente. Entonces el reverendo habló conmigo, mientras caminábamos por el jardín.
- ¿Ves esas flores, Raziel?
- ¿Las rojas? Claro que sí. ¿Qué con ellas?
- Su nombre es Capricho, y es una planta mundialmente reconocida por su hermosura y su belleza, si bien su cuidado es sumamente delicado.
- ¿Cómo así?
- Al ser una flor exquisita, muchos insectos parásitos suelen invadirla, y la mayoría trae con ellos, además, malas hierbas.
- Se eliminan los invasores
- No. No se pueden eliminar a los insectos, puesto que alguna fumigación podría afectar también a las abejas o avispas que benefician a la planta. Tampoco se pueden remover las malas hierbas, ya que la tierra sin ellas se seca y mueren las demás flores. ¡Qué dilema!
- ...
- La solución está en introducir otros habitantes: el insecto diablo se alimenta de los parásitos dañinos; la Bohemia es una planta que absorbe los nutrientes de las malas hierbas e impide el crecimiento de estás. Así se soluciona el problema de un modo diplomático, si te acercas a los Caprichos, podrás ver pequeños brotes de Bohemias cerca de sus raíces. Sin esa planta, considerada dañina por la mayoría, no se podría desarrollar una flor tan magnifica como el Capricho.
- ...presiento que esto tiene algo que ver conmigo.
- Quizás. Nuestra sociedad está francamente en decadencia, Raziel. La Alianza es un nicho de viejos fermentándose al sol. Tenemos demasiados prejuicios. Hemos dicho que deseamos avanzar con cautela, pero lo que de verdad hacemos es retroceder, caminar en círculos. La Tecnología es necesaria para el desarrollo de nuestros estudios, la integración de culturas distintas a las nuestras pueden ser funcionales. Me gustaría que el exterminio de las razas indóciles acabara, me gustaría que todas se integraran cómo tú lo has hechos.
- ...
- ¿Raziel?
- Tengo una pregunta.
- Adelante.
- Si sus ideales son tan altruistas... ¿Por qué se unió a los Caballeros de la Luz? ¿Por qué ordenó el asesinato de mi Clan?
    El gesto del Clérigo se ensombreció. Caminó más rápidamente y desapareció en un recoveco del jardín. No pude alcanzarlo, ni encontrarlo. La sangre me hervía, cómo hacía meses que no lo hacía. Matius si me veía como una pieza en su tablero: un instrumento dedicado a purgar su sociedad para que esta floreciera de modo indicado.

    Fuera de mis estudios nada relevante pasó durante mi estadía en la Catedral. Supe por voces que se había quemado el Natsuki, dónde yo solía trabajar, escuché por allí también que se estaba construyendo un Negocio a gran escala, una especie de mercado en un sólo edificio; el miedo al monopolio no pudo con él y al cabo de dos años casi todas las tiendas aledañas a él habían quebrado. Hubo una vez, también, que nos visitó un hombre, alto cargo dentro del Gobierno Central de la Alianza. Su nombre Wilstrom o Wilstraud, poco importa ahora. Vino a explicar que las negociaciones de paz con Valpuerto habían fracasado, el comienzo de una guerra era inminente. El Reverendo le dio su bendición, y rogó por que se encontrará una alternativa pacífica. Tras eso no supimos mucho salvo que el ala Norte de la Ciudad intentó ser asaltada por un grupo de guerrilleros, pero no pudieron con las fuerzas del Círculo. A todo esto, escuché que las fuerzas demoraron su actuar y murió una población considerable de inmigrantes durante el saqueo. De todos modos eso pareció no importarles a las autoridades. El reverendo no se pronunció durante todo este proceso. Por más que intenté sonsacar información, nunca supe nada más de Leng ni de Rowen. Tampoco el reverendo se dignó a aclarármelo.

    Y entonces llegó el año siete. Esa mañana no percibí nada distinto en el aire, si hubiera puesto atención, si no hubiera tenido mis instintos tan adormilados por la vida académica, habría podido oler el olor a sangre en la ropa de Cazaux, nítido a través de la grasa y el sudor de San Linus. Pero lo ignoré, quizás porque estaba habituado a la vida tranquila, o porque un asesino más, un asesino menos, que llegue a San Linus y se tome unas copas en un bar sórdido no era nada fuera de lo común.
    Pero las señales me lo decían; era un día distinto. Los monaguillos no estaban, ninguno: habían salido a un retiro espiritual, de los que yo había sido históricamente marginado por mi condición y por no ser monaguillo. Estuve solo toda la mañana, aproveché de comer y luego me retiré a leer el Nexus Ordo, de Philai. A eso de medio día me afeité y me corte el cabello. Me puse mis ropas de penitente y me miré al espejo: me veía raro, ni salvaje ni civilizado, sino una extraña amalgama entre ambos. Según el calendario de los aliados, tenía veintidós años. Cuando llegué, tenía quince, el reverendo, aunque yo no lo supe hasta mucho después, diecinueve. Era el clérigo que más joven había logrado un rango de poder. Mal que mal, era el regidor espiritual de San Linus, y representante de los Caballeros de la Luz. Esto me lo explicaría Cazaux después, aunque también Raymond hizo su aporte. Sin embargo, fue el propio reverendo el que me explicó las cosas claras, ese día. El día de su muerte.
    Fue a eso de mediodía que me retiré a los jardines a repasar la geografía de Morena. La Alianza tenía su origen en Hiperbórea, al menos, en lo que quedaba de ella. Su sede central se hallaba en Gótica, su centro de reuniones, en Humantaria. Pero muchos de ellos habían viajado a Morena y se habían establecido como jerarcas del territorio. Actualmente, nuestro continente estaba dividido en catorce naciones, si bien la mayoría de ellos era disfuncional y operaba en la práctica más bien mediante ciudades-estado, como San Linus. San Linus pertenecía a Portuaria, una nación bastante grande en comparación a los otros del Continente, ubicada más o menos en la zona oeste de Morena. Hacia el Norte se hallaba una liga de pequeños pueblos indóciles confederados bajo una sola bandera, que se alzaba como una nación opuesta a la Alianza: era Platina, una amenaza para el gobierno "central." Más hacia el Este aparecía Nuevo Extremo Gótico, que a pesar de estar administrado por la Alianza se jactaba de autonomía y poseía gremios suburbanos, parecidos a nuestras tribus. Allí, apegada al mar, atravesada por una Cordillera, se hallaba la Ciudad de Valpuerto; tierra de ladrones y mercenarios. La Guerra contra esos montoneros en algún momento se tornaría complicada, ahora no era más que un trámite con un par de escaramuzas. Estaba en eso, reflexionando sobre el acontecer social-político de nuestra Región, cuando percibí a alguien. No lo había notado llegar.
    Era el reverendo.
- Es un día hermoso.
    Guardé silencio.
- Hoy es el día. Vamos, Raziel. Tenemos que hablar.
    Entramos a la Catedral y nos dirigimos al estudio. Era un día esplendoroso.

- Te debo desde hace años una explicación, Raziel. Esperaba que este día no llegara nunca, pero de todos modos el destino de los hombres es ineludible, como en aquella historia en la que un hombre huye de su casa para evadir a la muerte, aborda un barco que naufraga y se siente feliz de haber sorteado a la Muerte, y se adentra en Minerva, que es dónde lo bota el naufragio, sin saber que la muerte lo esperaba en Minerva.
- No quiero historias, más que la suya, Reverendo.
- Ya voy. Para que entiendas todo debo contarte otra historia. La mía.
    "Nací en Valpuerto hace poco menos de treinta años, huérfano y hermafrodita. Las leyes de la Alianza debieran haberse encargado del resto: mi condición me condenaba a ser adoptado por la Iglesia, dónde me violarían un par de años hasta mi muerte. Era una aberración a los ojos de Dios, carecía de derechos. Pero otra cosa quiso el destino, ser criado por el Mestizo Cahuache, hijo de Serpientes con Aliados, fruto de alguna relación ilegitima. El me cuido hasta los ocho años y me enseñó a ser fuerte y hablar bien. Luego de criarme se suicidó ante mis ojos de forma ritual, y me envió al Seminario. Allí tuve que esforzarme el triple: debí ocultar mi condición andrógina; ganarme el favor de los curas, para lo cual demostré todo mi talento clerical; y hacerme un sitio en aquella sociedad, lo que endureció y en cierto modo mató mi carácter. A los doce presenté exámenes para ser clérigo, a los catorce dirigía misas y procesos. Sólo una persona conocía mi secreto, debido a su relación de a mistad de muchos años con el Mestizo Cahuache. Ese era el cabeza de la familia L'erain, quién siempre me mantuvo en situación de amenaza y extorsión. Por ello me uní a los Caballeros de la Luz, y a los dieciséis ya era vocero de mi jurisdicción. Acusé de traición al Jerarca L'erain y fue asesinado por los Caballeros. Toda mi vida, por corta que sea, se ha tratado de eso. He traicionado y manipulado gente, en contra de las enseñanzas que Cahuache me legó.
    "Me mudé de Valpuerto para dejar atrás ese trozo de mí que aún pensaba con el corazón, en san Linus me gané el favor de los Caballeros dirigiendo la Operación de Limpieza de la Zona, que se traducía en el genocidio de tu raza y de otras muchas que pululaban por aquí. No fui capaz de hacerlo por mí mismo, por eso contrate mercenarios que hicieran el trabajo sucio. La Verdad es que en cada indócil veía el rostro de Cahuache reprochándome mi actuar, Cahuache, la única persona que me ha a aceptado cómo soy en verdad. Me refugié en el estudio y el sacerdocio, pero mis pecados eran difíciles de perdonar.
    "Soy casto, y tal vez si no hubiera sido sacerdote también lo sería. No sé qué busco ni que quiero, pero estoy incontaminado por el sexo, y por eso mucha gente me vio como una figura celestial. Sólo he amado a una persona, pero esa persona es el hijo de L'erain, y me odia desde entonces".

    Un trueno interrumpió la charla. No me había dado cuenta de cómo había pasado el tiempo, ni de cuando se había nublado el cielo. Afuera la lluvia comenzaba a desencadenarse contra el atardecer.
- Supe de tu llegada a San Linus desde el momento en que pusiste un pie en la ciudad. Manejo todos los hilos de este lugar olvidado de Dios, y conocía tu origen, tus asesinatos y tus intenciones. Supe que los mercenarios habían fallado con ustedes, pero fui yo quién les ordenó que no los mataran a todos. ¿Por qué? ¿Para prolongar su agonía? ¿Para expiar mis culpas? No lo sé. Quizás esperaba que uno de ustedes se alzara y los liberara, mitigando en parte mis sentimientos de culpa para con ustedes.
    "Debes saber, Raziel, que lo que te dije es verdad, pero a medias. Sueño con un mundo dónde todas las razas estén unidas y en libertad, sueño con acabar con la Alianza. Pero soy demasiado cobarde y estoy demasiado contaminado para hacer eso, ahora debo pagar mis culpas. Pero Hay gente que está haciendo cosas y puede ayudarte, si los encuentras. Aunque es probable que ellos te encuentren a ti. Quise que estuvieras aquí y que aprendieras estas cosas como una forma de retribuir lo que te hice; mi aporte es insignificante comparado con tu dolor, pero al menos hice algo. No fuiste sólo una pieza o un experimento: fuiste una oportunidad de demostrar que la Alianza está equivocada. Tu deber comienza ahora: deber hacerte conocer, debes destruir este árbol podrido. Yo soy Grande para muchos, también soy la demostración de que sus prejuicios están equivocados. Pero fui cobarde y obedecí en todo, excepto en pequeños detalles. Nadie del Gobierno Oficial sabe que tú estás aquí. Fue sólo mi secreto. No podía dejar que murieses de nuevo. Los idiotas cómo yo deben morir, la gente cómo tu debe vivir y construir grandes cosas.
    "Merezco todo tu odio por la muerte de tu clan, y de muchos otros. Pero fui solo un intermediario de las órdenes. Te puedo dar un nombre, el nombre de tu verdadero enemigo.
    "Cuando tengas tiempo viaja a Sabuesos y pregunta por Lucio. Hallarás las respuestas tú mismo.
    "Estás aquí porque quise que aprendieras, quise que conocieras mi punto de vista y reflexionaras sobre esto. Y quise también que presenciaras algo
    "Es un largo viaje el de la vida ¿No? Tengo sólo veintiséis, pero siento como si hubiera vivido millones de años.

    La aparición de Cazaux corta abruptamente la conversación.