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6.12.12

En la Máquina

    Cuando estás en la cárcel, lo mejor que puedes hacer para espantar el aburrimiento es mirar por la ventana y fumar. Mi celda no tenía ventanas ni yo cigarros, así que me aburría de muerte. Eso hasta que conocí a Braddock. Braddock era un tipo alto y moreno y gay. Pensé que me quería violar.
- No te ofendas. Eres guapo y todo eso, te pareces a James Dean. Pero no eres mi tipo. A mi me gustan más grandes, más musculosos. ¿Entendí'?
    El asunto es que nos hicimos amigos. Eso ayudó bastante. Por un lado, el conocía ya los caminos de la cárcel y era más fácil sobrevivir gracias a él. Por otro, todos sabían que Braddock era puto, y pensaban que yo era su zorra. Mejor, así no intentarían violarme. Braddock era flaite, pero al menos sabía de libros y películas. Conversábamos bastante, horas a veces. Yo lo escuchaba, escuchaba sus criticas literarias y cinéfilas, cosas que a nadie más le interesaba, escuchaba sus problemas personales, y el a cambio me escuchaba y me conseguía cigarros. Me hubiera gustado tener una cajetilla entera. Pero tres cigarros cada dos días tenía que funcionar.
- ¿Por qué caíste?
    Yo había hecho algo que no viene al caso contar y por eso termine en cana. Braddock robaba autos en Reñaca y los vendía en Olmué. Un día los pilló una vieja (ya era conocido) y lo metieron en cana al toque. Eso fue. Pero el problema es que, al igual que a mí, lo mandaron a esta puta prisión cuasi experimental que nosotros llamamos "La máquina de picar carne". Es horrible. Tránsfuga. Violenta. Al principio pensé: mejor esto que la peni. Pero ahora creo que mejor ser apuñalado por un punga bebedor de mate que estar en este infierno perdido en Temuco. Lo que sea. Tendré que aceptar mi destino no más.
    Lo peor era la Fábrica. Allí nos hacían trabajar con materiales pesados, haciendo piezas de metal para quién sabe qué cosa por un "sueldo" irrisorio (eran como 15 lukas por un mes entero de jornada pesada). Al menos podíamos comprar un par de cosas cuando venían las vistas. Claro que a mi nadie me visitaba. El hermano de Braddock me compraba cigarros y libros, eso si. Valía la pena esperar una semana, aunque siempre pensé que un día me iba a cagar.
    Así se arrastraban los días de a poco en ese matadero. Algunos eran asesinados por riñas internas, otros terminaban derivados a la clínica tras ser apaleados por los gendarmes. Nunca vi a nadie salir libre.
    Mi condena era de siete años, pero sabía que nunca saldría de ahí.
    Luego conocí a la Susy. Susana. La Sucia.
    Me estaba fumando un cigarro cerca de la reja que divide hombres y mujeres, cuando oí que me llamaban.
- Hey.
    Me hice el hueón.
- Hey, guapo de cara, ven.
    Me volteé. Apoyada en la reja estaba una mujer de no se cuantos años. ¿Tendrá treinta, veinticinco muy carretados?, pensé. Era alta y plana y tenía el cabello color pajizo. Llevaba solo la parte de abajo del uniforme caqui que nos daban en la Máquina, para arriba tenía una polera sin mangas que dejaba ver sus varios tatuajes.
- ¿Regálame un cigarro?
- Chúpalo.
- Regala pos conchetumare.
    Y así, de esa forma tan civilizada, nos hicimos amigos. Nos veíamos a veces en la fábrica. Le tuve que explicar que no era gay. No me gustaba, la hallaba muy fea, pero aunque hubiera querido no hubiera pasado nada. Los gendarmes nos vigilaban a todas horas. A ella no le hubiera importado un buen polvo. Cómo ella misma me narró, se hizo lesbiana luego de estar tres años en la cárcel, pero en realidad era más por frustración sexual que por otra cosa. Le conté por qué caí y luego ella me explicó que se dedicaba a reducir especies en el barrio alto, cerca de Las Condes. Un día unos tipos con los que trabajaba trataron de cagarla y ella apuñalo a uno con un portaminas. La raja, le dije. Pensaba que iba a terminar en la peni, pero al igual que al Braddock Jiménez y a mí, la derivaron al experimento. Hablábamos bastante. Me acordé que una vez un amigo me había dicho que en las cáceles te organizaban por "peligrosidad", y que aunque en parte tenía que ver con tus papeles, también tenía que ver con cosas estúpidas, como por ejemplo, tener tatuajes. Yo tenía ambos brazos tatuados, de mi época de niño hardcore. Braddock y Susy también estaban tatuados. Quizás por eso nos habían mandado a aquel inodoro con nombre de cárcel. Le narré mi primera noche en esa cárcel, en el calabozo oscuro, acostados en fila esperando alguna respuesta en la oscuridad. Recuerdo que había un niño con cara de inocente acostado al lado mío, y a su lado, un pato malo. En mitad de la noche se lo empezaron a violar. El niño se aferraba a mí buscando ayuda. Los gendarmes hacían oídos sordos a sus gritos de dolor y desesperación. Entonces me aburrí y le pegué la choriá al pato malo. Ahí se calmó. Vi gratitud en los ojos del niño. Pero vi algo más. Vi su vida destrozada. Le dije a la Susy: a mí que me maten antes de violarme. Me dijo: no seai weon, el poto se te recupera, la vida la perdís para siempre. Pero no le hice caso.
    Los días se arrastraban lentamente en aquel tugurio infecto. Un día me pelié con la mafia peruana. Eran tres, se metieron algunos compañeros míos. Arremetí con mis puños contra uno de los peruanos hasta que su cara quedó irreconocible.
- Era - Me dijo Braddock - ahora te van a querer pitear y no yo voy a poder hacer nada pa impedirlo.
    Me derivaron a confinamiento solitario por una semana. Cuando estás en la cárcel, lo mejor que puedes hacer para matar el tiempo es mirar por las ventanas y fumar. Y yo ahora no tenía ni ventanas no cigarros. Me aburría de muerte. Me entraron ganas de escribir. No tenía lápiz ni papel, pero tenia todas las paredes para mi solo. Me quite un zapato y lo gasté hasta que dejo una marca en la pared. Repetí el proceso hasta lograr hilar una frase coherente:
    "RECORDAR ES UNA FORMA DE HACER JUSTICIA"
    O semi coherente.
    Seguí escribiendo hasta que no tuve en mis manos más que una masa amorfa que alguna vez fue un zapato. Entonces me quité el otro y comencé de nuevo. Cuando ya no tuve zapatos, me rompí los dedos y escribí con mi sangre. Seguí escribiendo hasta que me desmayé.
    Estaba cometiendo demasiadas estupideces, en el fondo estaba buscando a la muerte para casarme con ella, porque estaba aburrido de aquel lugar. Los gendarmes se enfurecieron al ver lo que había hecho, así que me apalearon hasta dejarme medio muerto y luego me llevaron a presencia del alcaide.
    Mira que es rara la vida. Yo estudié con él en la universidad. Se ve que llegó más lejos.
- ¡Guachito! ¿Qué haces acá?
- Hola, García.
    Revisó mis papeles. Suspiró. Me dijo que podía ayudarme con un par de cosas. ¿Qué necesitas?, me dijo. Cigarros. Ah, eso es fácil. ¿Qué más? Le conté lo que había hecho hasta ese entonces y me respondió cómo responden los burócratas: Haré todo lo posible, blablablá, pero no te prometo nada, blablablá, te puedo ayudar, blablablá, pero si tratan de matarte no me puedo meter. Eso pensé. Volví a mi zona ese mismo día. Pero yo ya estaba pensando en algo.
    García era nuevo, al anterior alcaide  lo había destituido por no se qué cosa de acoso sexual o algo así. Había varias cosas que no le gustaban pero estaba atado de manos y blablablá. Yo pensaba en lo que pensaban todos los reclusos: no era imposible escapar de aquel infierno, pero estaba tan aislado que te cazarían y acribillarían antes de avanzar un kilometro. Tenían perros y vigías y un montón de hueas. Necesitarías caballos, o un auto, y aparte, necesitarías dinero. Todos sabían dónde estaba el dinero. En la caja fuerte, en el ala oeste de la cárcel. Nadie la protegía: estaba reforzada, y sin herramientas era imposible abrirla. A menos que supieras la clave. Tenía un tablero digital que hacía imposible tratar de adivinarla.
    Contrario a mis expectativas, no intentaron matarme. Esperan el momento, supuse. Me arriesgué. Jugué básquetbol, me metí de voluntario para el aseo, trabaje doble jornada en la Fábrica. Nada. Estaba seguro, al menos de momento.
    Entonces llegó Ahmed.
    Ahmed era un amigo de infancia, musulmán o algo así, de mi barrio. Fuimos juntos al colegio. Cayó por estafa o algo así. No entraba en el perfil de peligrosidad de nosotros. Era un tipo delgado, algo calvo y con unas gafas poto de botella que le daban el peor aire de nerd de la historia. Hablé con él. Y entonces supe dos cosas: la razón por la que estaba ahí con nosotros, y que las cosas se iban a poner de feas a horribles.
    Ahmed era una de las personas que había ideado esa cárcel. Se valió de artimañas y contactos para su aprobación. Y al verse envuelto en el delito, sus contactos le dieron la espalda y lo mandaron al infierno que el mismo había creado. Pero aquello no terminaba allí. Ahmed sabía la clave de la caja fuerte.
- A menos que la hayan cambiado, cosa que dudo. Pero yo la diseñé, y yo la configuré. Soy una de las Cuatro personas en Chile que saben como abrir esa caja.
    Las otras tres eran el ex alcaide; el ingeniero que la armó, y García. Era definitivo. Iba a necesitar de la ayuda de ese soplapollas y no iba a aceptar un NO por respuesta.
    Ideé todo junto a Braddock y Susy. No me iba a ir de allí sin ellos. Cuando les dije esto se emocionaron hasta las lágrimas, y Susy me agarró a través de la reja y me besó apasionadamente. Luego Braddock me agarró y me besó apasionadamente.
- Ni que estuviera tan rico - dije.
    El plan era pedirle a García su auto. El tenía control sobre nosotros, pero yo sabía cosas de él que podían hundirlo. Le prometí que le pagaría cuando pudiera. Luego de mucho deliberar, aceptó a regañadientes. La parte del plan que no le conté es que planeaba saquear la caja fuerte y llevarme todo lo que pudiera de allí, para comenzar una nueva vida lejos de aquella tierra.
    Pero las cosas, cuando pueden complicarse, se complican. Pronto se esparció el rumor de Ahmed, y los reclusos sólo pensaban en dos cosas: matarlo para vengarse del verdugo que había planeado aquella monstruosa locación, o torturarlo hasta sacarle la clave a gritos. Le dije que se quedara junto a nosotros, que si andaba solo por ahí era peligroso. Braddock se puso histérico, dije que en lugar de brindarle protección lo que estaba haciendo era comprometer la seguridad de nosotros. Pero como ya dije, para mi no había salida mala: buscaba la muerte, ambicionaba un escape de aquel lugar, incluso el infierno se me hacía más placentero que esa cárcel.
    ¿La parte en la que todo se fue a la mierda?
    Resistimos todo lo que pudimos. García me prometió lo acordado en una semana. Al quinto día, mientras me dirigía a mi celda, vi abalanzarse sobre mí una mole monstruosa y morena. Era Ulises, el peruano que yo había masacrado. No quería matarme, si no medio matarme, ojo por ojo. Me dejo hecho un cúmulo de piel y ropa ensangrentada y se marchó. Cuando recuperé el conocimiento, pensé en una sola cosa: Ahmed. Lo busqué por todas partes y no lo hallaba. Temí lo peor. Sin esperanzas me dirigí a la zona sur de los patios, en dónde hay bodegas atestadas de maquinaria pesada y un par de árboles. Allí estaba Ahmed, fumando.
- Hueón. Pensé que te había matado.
- Nah. Estaba rezando.
    Volvimos al patio. Vi las miradas de los reclusos sobre nosotros. Supe que ya no podíamos esperar más. Fui dónde García, lo huevié. Me dijo que en realidad sólo le decía que si para que no lo molestara, que sabía que por mucho que yo lo extorsionara eso no valía nada dentro de la cárcel, que ahí no tenía forma de denunciarlo con nadie, y que sólo era cuestión de tiempo para que me mataran. Me enfurecí, y le pegué un combo en el hocico y un par de patada en las costillas.
- Tai equivocao. Acá hay visitas ¿Cierto? Entonces te va a gustar saber que le entregué una carta con todas las indicaciones necesarias a un amigo, le dije que en caso de cualquier cosa la ocupe. Ahí está todo lo necesario para hacer una denuncia anónima acerca de tus compras de coca que me imagino no has dejado, y de tus cotorreos con niñas de doce, que creo que a tu esposa le encantaría saber.
    Se quedó callado.
    Luego dijo:
- Mañana.
- ¿Qué?
- Mañana. Mañana te escapai. Y no volvai nunca o si no yo mismo te mato.
    Había que esperar un día más...
    Esa noche no dormí, y si dormí fue para tener horribles pesadillas de un monstruo de mil caras y mil brazos armados con cimitarras que me perseguía hasta devorarme, y aún así no moría y debía aguantar ser digerido y cagado por la bestia.
    Y al otro día...
    Pasaron muchas cosas, no entendí ninguna, no quiero entenderlas, quiero olvidarlas. García corría hacia mí, gritaba, yo no lo oía, en el patio se había armado un motín, los reclusos habían asesinado a Ahmed y se habían parapetado frente a la Caja Fuerte. Habían quemado colchones en el patio, botado la reja que nos separaba de las mujeres, les habían quitado sus armas a varios gendarmes. Todo era una confusión de caos y fuego y muerte. Corrí hacia el cuerpo de Ahmed. Y lloré.
    La Susy me pegó una cachetada al verme en shock, y solo entonces me di cuenta de que yo tenía algo en la mano: las llaves del alfa romeo de García.
- Hora de irse.
    Enganchamos a Braddock en el camino, aprovechamos la confusión para escabullirnos. Algunos nos siguieron, los gendarmes estaban demasiado preocupados tratando de controlar el sabotaje, pero aún así un par de ellos controlaban que no se escapara nadie. Hubo pelea. Nos hicimos de un fusil de asalto, trepamos las murallas, vimos caer cuerpos, al Braddock lo hirieron en el hombro, saltamos el muro, nos subimos al auto y huimos hacia la libertad.
    Así fue. Algo así. Todo es confuso en mi cabeza.
    Cuando huyes de un lugar aislado, lo mejor que puedes hacer es mirar por la ventana el paisaje y fumar. Y eso hice. Tenía ante mí el paisaje más hermoso del mundo y más cigarros de los que podía fumar.

2.12.12

La Vida de las Mariposas

1.-
    Jessica camina por la calle, preocupada de sus asuntos. Tiene mucho que hacer aún, su vida es funcional y ha aprendiudo una valiosa lección: mientras más ganas, más tienes que trabajar. Así se desenvuelve. Pasa al local de comida rápida a servirse un café y algún tentempié para engañar el estómago. Saluda a los empleados, porque es clienta habitual. No nota la mirada ardiente del muchacho que hace las veces de maestro sanguchero. Toma sus cosas y se va. El mundo es muy rápido para ella.

2.-
    No tienen ni siquiera 20 años, quizás 21. Y ya cargan en su alma todo el dolor necesario para componer música descarnada, cargada de amores y fracasos, cargada de sufrimiento a la vena. Son indefinibles. ¿Son punk o blues?¿Son jazz o rock sicodelico?¿Son rocanrol o grunge? Se pasean por varios estilos cómo una mariposa revoloteando entre varias flores. Son cuatro: Isaac, Pedro, Jason y Máximo. Isaac toca el bajo, Pedro la batería, Jason guitarra y Máximo guitarra y voz. Los hecharon de casi todos los lugares en que tocaron, porque no encajaban con nadie. El único refugio que hayaron fue el Bar de mala muerte de su amigo Héctor, que queda en el barrio Brasil. Héctor es un par de años mayor que ellos, y los ayuda de mala gana, porque a la gente del lugar parece gustarles la música de fondo.
- No me malentiendan, a mi me gustan sus temas. Menos cuando se ponen muy políticos. Ustedes saben, no sabían ni caminar cuando Pinochet le entregó el poder a Alwyn. Yo si puedo hablar de política. Yo viví el golpe.
- Pero Héctor - lo interrumpe Max - Tú no sabías ni caminar cuando ocurrio el Golpe.
- Ese no es el punto.
    Todos paran de hablar un momento para hecar un trago y encender cigarros.
- Me gustan tus temas más acústicos. Algunos de ellos me parten el alma. ¿De dónde sacas tantas ideas?
- De mi vida. Escribo sobre lo que conozco.
- Pero tú te ves siempre tan alegre, mientras que estás canciones parecen de alguien con una profunda depresión.
    Max sólo baja la vista y esboza una sonrisa triste.

3.-
    Max se despierta tarde otra vez. Debe ir a cumplir su labor a la cadena de comida rápida que hay en Alameda, en dónde se desempeña como maestro sanguchero.
- ¿Sabes? - le comenta a una de sus compañeras - Odio mi trabajo. Sólo hay un momento en el día que me alegra.
    Y su compañera sonríe. Sabe cuál momento del dís es ese. Caundo llega Ella, cuando Jessica se asoma por unos escasos diez o quince minutos para comprar un café y algo para engañar el estómago.
- Es mi amor platónico.
- ¿Y por qué no le hablas?
- ¡Cómo! Es mucha mujer para mi. Se ve tan segura y elegante, ella puede conseguirse un hombre de verdad, que la lleve a restoranes caros y le compre cosas con amor. Si yo la invitara a una pizza me quedaría sin plata para la Bip.
- Tienes que hablarle. Nunca sabes.
    Pero él dice que no. En el fondo piensa en su propia vida, y concluye que sólo el fracaso está destinado para él.

4.-

    Héctor hace un pequeño gesto. Las luces se encienden. Los niños que se creen hombres comienzan a tocar.
    Los platillos zumban y un agresivo riff agrede los oídos. Luego las revoluciones bajan un poco, la batería vibra con menor intensidad, y Max comienza a escupir las palabras con su voz desganada.

    La otra vez
    estabas sola
    me dijiste
    besa mi piel
    te tomé
    subido al caos
    nunca más podré volver

    Y luego irrumpe de algún lugar entrópico el resto de la canción que explota como una lluvia de meteoros. Pedro desata toda su energía sobre la batería, y los otros tres comienzan a botar la rabia en el catartico ejercicio de la música. Las voces se desgarran y escupen al cielo.

    Continuan sin descanso. Esa noche y todas las noches son inmortales. Saben que aquella bella existencia no durará para siempre, saben que ellos mismos no durarán demasiado. Tal es la vida de las mariposas.

5.-

    Jessica camina lentamente por la Alameda, y por primera vez en mucho tiempo se toma la libertad de fumarse un cigarro. La vida le parece caótica y superflua, a la vez que innecesariamente complicada. Ha peleado con su novio por última vez. Ha recibido una muy mala noticia: su madre está enferma, internada en el hospital a la espera de que la operen de calculos. Todo esto la hace recapacitar sobre su propia vida, a replantearse muchas cosas. Se le pasa por la mente que quizás desperdicia su vida. Que su trabajo no la llena tanto cómo quiere, que siempre ha hecho lo que le han dicho que debe hacer, y nunca ha tomado sus propias decisiones. Dejo de fumar cuando su novio se lo pidió. Ahora se puede tomar la libertad de empuñar el cigarro y aspirar nicotina una vez más. Las cosas van a cambiar, se dice. Necesita despejarse, y enfila por Brasil. Oye música en tugurio de mala muerte. Un lugar al que una mujer ella nunca entraría. Y entonces entra.

6.-

    Cuando la ve entrar, no lo puede creer. Jessica levanta la vista y lo reconoce. Se sienta sola en una mesa para verlo tocar, y siente dentro suyo que todas las canciones de dolor y fracasos hablan de ella. Pide una cerveza, enciende un cigarro, y rechaza a los hombres que se le acercan, harta de ellos. Entonces vuelve a mirar al pequeño artista sobre el escenario, que día a día se disfrasa de hombre feliz y civilizado y alimenta a la gente verdaderamente feliz y civilizada, cómo ella. Con los ojos llenos de lágrimas, busca sus ojos, y le regala una sonrisa.
    Y Max, procurando no ponerse nervioso y perder el ritmo en la guitarra, tímidamente, le devuelve la sonrisa.

1.12.12

Él y Ella



    Él. Sentado en el salón demasiado iluminado, mientras los perros le ladran preguntas y extraen cosas de su bolso tratando de interrogarlo, tratando de intimidarlo con sus uniformes y sus armas. Él, riendo indiferente al mundo, esperando que le ladren algo que sea útil, que dé sentido a su vida. Le preguntan por enésima vez por qué hizo lo que hizo, porque creyó ser mejor que los demás, por qué creyó que las leyes y la culpa no lo afectaban. Entonces Él comienza a narrar.
   
    "Fue en aquella fecha
    4 de septiembre
    cuando aprendí
    a decir para siempre
    pero con el tiempo comprendí
    que aún pese a todos mis esfuerzos
    el tiempo no se puede cambiar
    y aunque lo quieras nada es eterno"

    Pero no responde nada, ladran los perros. ¿Vez esto, hijo de puta? ¿Vez los inútiles objetos que hay en tu bolso? Dinos algo que nos sirva, te vamos a pudrir en la cárcel. Él solo sonríe y continúa con su relato.
   
    "Fue en aquellos meses
    en que ni lloraba
    cuando aprendí
    que no importaba nada
    con las alas rotas te encontré
    y di mi vida por la tuya
    pero una vez recuperada
    te echaste a volar como si nada"

    En su bolso hay latas de pintura, un cuaderno con anotaciones sin sentido, un par de panfletos anarquistas, un disco de una banda punk, un cuchillo, una foto enmarcada y un lápiz bic negro. En el cuaderno solo está repetida la misma frase hasta el cansancio: "Y que me devoren vivo, porque no tengo lugar, ni sonrisa ni un hogar ni refugio pa' escapar", excepto en la última página, dónde dice "Y tú no estás".

    "Sanaba tus heridas
    con trozos de mi alma
    alimentándote con pedazos de mi corazón
    y ahora el muerto soy yo
    y no encuentro la calma
    y cada noche he de dormir en un cajón"

    "y que me devoren..."

    Y entonces uno de los perros, el más alto, el rubio, se exaspera y abofetea al interrogado, gritándole, ladrándole que no se haga el loco, que aunque lo haga no se va a poder zafar. Y entonces sucede: Él deja de ser insignificante y cobra la fuerza de mil hombres, Él deja de ser solo un muchacho de veintipocos de zapatillas sucias, jeans gastados, polera estampada y gorro de lana, deja de ser un cuerpo pequeño y herido, deja de ser un adolescente moreno y se convierte en un huracán de caos y entropía, aprovecha la confusión y agarra el cuchillo, noquea al rubio y se le abalanzan dos más, lucha con ellos, los resiste, aguanta de pie los lumazos cargados de ira y de cobardía.
    "Llamen refuerzos!" Ladran los perros por sus máquinas de comunicación.
    "Llamen a la supervisora!" vuelven a ladrar.

    Él se parapeta en su locura y se protege amenazando a los perros con el cuchillo. Ellos esperan, sin decidirse a reducirlo.
    Entonces llega Ella.
    "Tú!", grita Él, mientras la apunta con el arma.
    Y entonces comete un asesinato. Él es la víctima. Utiliza el cuchillo contra su propia garganta, sin quitarle a Ella jamás los ojos de encima. Ella huye, llorando.
    La confusión desbarata la mesa, los perros corren hacia el cadáver de Él, que convulsiona en el piso mientras la sangre burbujea desde su cuello y forma un charco bajo su cuerpo. Uno de los perros pasa a llevar los objetos de Él, que caen al piso. La foto enmarcada se hace añicos contra el piso. En la foto, Él y Ella están inmortalizados en un beso.

27.11.12

La Obra Maestra de Benjamín Ortega, pérdida e inconclusa.



    Benjamín Ortega ha muerto. Era un buen en cabro. No era muy brillante que digamos, pero era un buen cabro. Era mi amigo, lo que habla bastante mal de él. Confiaba en mí, lo que habla bastante mal de él.
    Lo conocí a los catorce, cuando yo era un pendejo medio emo y medio hardcore que no sabía que hacer con su vida y que se veía horrible tratando de emular a Henry Rollins o a Dennis Lyxzén siendo moreno y bajo y crespo. En esa época yo tocaba batería con Neruda está Sobrevalorado, dónde Carlos Cavieres hacía voz y bajos y nos mandoneaba a todos lados por ser tres años mayor que nosotros. La banda era pésima, y consistía mayoritariamente de covers a Los Prisioneros y malos plagios de Pearl Jam. Sin embargo, teníamos un tema distinto, un tema raro. Un tema que compuse una noche que no pude dormir y que vomité sobre las hojas de un cuaderno de matemáticas a las 4:30 de la mañana, y que de algún modo era nuestro placer culpable tocar. Se titulaba En el Jardín está Enterrada María; y si mal no recuerdo iba más o menos así:

    Aún recuerdo aquellas noches
    Nuestra rara danza ritual
    No te buscaba ni tu tampoco
    pero siempre coincidíamos en algún lugar
    Frente al metro o en la plaza
    tu con tus buitres, yo con mis cuervos
    era un baile cósmico
    De Caos y de distorsión
    a dónde fuimos a parar
    no recuerdo mucho más
    el vino nublaba mi razón
    atrapado entre tus labios
    preso de tu mirada
    debías ser sólo mía, pero nunca lo fuiste
    nunca lo serás
   
    En el Jardín está enterrada María
    bajo las amapolas que una vez sembré
    las flores crecen hermosas
    al nutrirse de su cadáver y su soledad
    tras el sauce que crecía en aquel lugar
    descubrí una lúgubre figura
    era el árbol de Judas
    y era yo el que colgaba de él
   
    Esas noches no dormí,
    desperté a la hora convenida
    a las 5 de la mañana
    siempre nos encontrábamos en algún lugar
    frente al metro o en la plaza
    tomé el cuchillo que guardo
    debajo de mi almohada
    abrí mi cabeza y con el y dejé salir
    todos los demonios y miedos y penas que tenías
    así fue cómo nació esta canción

    Un día nos presentamos en el auditoria de no sé que chucha, y ahí estaba el Benja. Obviamente detestó nuestra banda, pero tras nuestra presentación, cuando le estábamos dando a la cerveza, se acercó a Carlos y le dijo que se había enamorado del tema. El Carlitos le explicó que en realidad el tema no era suyo, que lo había compuesto yo. Y ahí, pese a todas las diferencias, siendo yo un hueón que soñaba con la escena del punk y el hardcore posmoderno y el un tipo atrapado en el rocanrol de los 60's, nos hicimos amigos.
    Nos veíamos muy seguido, hablábamos de cine, de música y de lo demás. Entonces decidimos hacer un proyecto, un proyecto de banda hibrida con él en Teclado y yo en batería. Nos llamábamos Ausencia del Héroe, y grabamos un solo ep de 3 temas que debe andar perdido por ahí. Sus melodías eran fantásticas, algo a lo que yo nunca podría aspirar, inspirado por David Bowie, por los Doors y por Rush. Las letras las ponía yo, y todas hablaban de lo mismo: de evasión y de muerte.
    Luego maduré y me concentré en muchas otras cosas y abandoné a los Neruda, pero seguí viéndome con Benjamín, aunque ya no tocábamos juntos. Cambié mi forma de pensar, odié a mi yo de los 14 años y odié también mis canciones desastrosas. Un día fuimos a una tokata con el Benja, en un Galpón que quedaba en Pudahuel. Ahí vimos a los Neruda, sólo que algo era... distinto. Carlos, y los demás se veían terribles, cómo si no hubieran dormido en años y sólo se hubieran dedicado a beber mercurio. Sus canciones... ya no eran plagios a Pearl Jam, eran terriblemente oscuras y mórbidas, meciendo al público nihilista con sus hipnóticas y desgarradas voces y sus descarnadas armonías. En ese momento Benjamín y yo nos miramos, y creo que ambos nos sentimos pésimo.
    Luego vinieron otras cosas, entré a la universidad y me aferré a los estudios, por lo que dejé de ver a casi todas mis amistades de esos años, incluso a Benjamín. Cuando lo volví a ver, sentí la misma sensación desagradable que percibí cuando volví a ver a Los Neruda. Parecía al borde de un colapso nervioso, me preguntó por mi vida y le dije que bien, no me quejo. Luego el se explayó en sueños y visiones alucinantes que había tenido durante aquél último tiempo, y que lo único que había hecho era componer. Cuantos temas, le dije. Ninguno, estaba avocado en componer un sólo tema perfecto, imperecedero, que superara a sus ídolos y que lo alejará por fin de la sombra de En el Jardín está Enterrada María, al ser él quien pusiera la letra. Me preocupé y lo acompañé a su departamento, en dónde vivía solo desde que se había peleado con su madre .Hablamos un rato y luego me pasó unas copias de las llaves de su departamento por si quería ir a verlo, ya que el casi siempre estaba encerrado componiendo y no escuchaba cuando lo llamaban. Viaje a Lo Prado, a su anterior casa que quedaba cerca del metro Neptuno. Ahí su madre me dijo que desde hacía bastante tiempo que Benja se comportaba de manera errática, que casi no dormía ni comía y que parecía absorbido por la música. Mujer evangélica, asoció todo al satanismo "inherente" a la música rock y a las malas juntas que quizás lo hacían beber quién sabe que cosa y fumar marihuana. Me despedí de ella muy turbado y le prometí que vigilaría a Benjamín.
    No lo hice. Seguí encerrado en mi pequeño mundo intelectualoide y luego un día simplemente supe que había muerto. Benjamín Ortega, gran músico incomprendido de nuestra generación, se había suicidado lanzándose al Mapocho. Los que rescataron el cuerpo mencionaron algo curioso: en la mano derecha, empuñada, llevaba una hoja de papel que por el agua se había disuelto.
    Fui al funeral y al entierro y luego soñé con él. Soñé que tocaba en el teclado la canción más hermosa que he escuchado: primero una sinfonía simple, luego las armonías, los juegos de sonidos que se sentían como agua en el cerebro... y luego, comenzaba a cantar. Yo sabía que era él, pero no lo veía por ningún lado. Su voz era rasposa y carente de talento, pero tenía tanto corazón puesto en esa canción que daba lo mismo. Y la letra... la letra era terrible, mágica, absorbente, hermosa y destructiva como el mar. Luego desperté, aún tenía la melodía resonando en mi cabeza. Pero olvidé la letra por completo. Y era tan cautivante, tan sofocante, que creo que comencé a desquiciarme. Todos los días intentaba recordarla, me pasaba horas aferrado a la guitarra tratando de recordarla, emulaba los beats en la batería... pero nada funcionó. Lego recordé la llave, y fui a visitar su ahora vacío departamento.
    En su dormitorio, plagando los muros, escritas con plumón y creo que algunas incluso con sangre, amándose y odiándose entre sí, había frases al parecer sueltas, pero luego de una atenta mirada era posible percibir un cierto orden dentro del caos que daban forma al poema musicalizado más grande de la historia: el tema que oí en mi sueño. Pero... estaba incompleto. Faltaba la frase final, sin la cual el preludio inmenso y enmarañado de lírica quedaba vacío, como un cuerpo sin alma. La frase final era tan atronadora como un martillo golpeándote justo en el pecho, haciendo añicos tu corazón, destruyéndote por completo para dar paso a lo único que queda en pie: las lágrimas.
    Me retiré rendido, pero antes, prendí fuego a su departamento. Nadie debía conocer la locura que yo había atisbado. Ahora sé qué había en el papel que Benjamín empuñaba el día de su muerte.
    Hoy por hoy soy un mendigo, y deambulo por lo que creo que es la Alameda, buscando incesantemente aquella frase perdida, y escribiendo este testimonio mientras me quede algo de cordura.


26.4.12

Su Mundo


    " Y tú, jóven viajero
    ¿Conoces el mundo acaso?
    Has recorrido palmo a palmo estás regiones
    y has visto cosas que nadie más a visto
    y sin embargo, no conoces el mundo
    El mundo son siete islas
    aunque alguna vez fue sólo una
    Y desconocerás la forma del planeta   
    a menos que puedas elevarte y cabalgar el sol
    cosa que dudo que puedas;
    pues sólo los dioses poseen esa facultad
    El mundo tiene forma de cilindro
    Y alrededor de él, giran
    Los astros, el sol y la luna
    El sol, engedra niños del día   
    Y la luna criaturas de la noche
    Y el mar se desborda por sus orillas
    Derramandose al infinito
    Dicen que dice la gente:
    El Mundo lo crearon los dioses
    Crearon siete razas divinas
    y las siete razas se envidiaron
    y sus guerras devastaron la tierra
    y dividieron la única isla en siete continentes
    Y dicen que dice la gente
    que muchos dioses murieron aquel día
    Pero tu sabes, has visto con tus ojos
    decolorados de tanto viajar
    que no son siete razas,
    hay más en el mundo de lo que la gente dice

    El mundo una vez fue un disco
    llano, estéril y sin vida
    y no fue hasta que llego el sembrador
    que el planeta comenzó a girar
   
    Las semillas que se quedaron bajo tierra engendraron
    una raza organizada como hormigas
    Las semillas que recibieron la luz solar
    engendraron a quienes llamas dioses
    Y los dioses trataron de hacer un mundo nuevo
    Pero si hay criaturas de la noche
    ¿cómo habra orden para los hijos del sol?
    El Demonio en su alta montaña
    estorbó el desarrollo del mundo
    Y las guerras diviedieron la tierra
    al menos eso es verdad
    Al otro lado del mundo hay un disco
    que une el nuestro con el suyo
    La tierra tiene forma de cilindro
    y el mar se deborda por sus orillas,
    hacia el infinito"

Su Mundo, Cantar de los Juglares de Nebra

28.2.12

El Universo de las Hormigas


                Es el mundo real, nuestro mundo. Existe un pasado mágico que se ha perdido, un pasado desconocido que sólo sobrevive en sueños y delirios, en un mundo que es reflejo de éste pero que hoy por hoy es inalcanzable. Las Guerras Secretas, o cómo se les conoce mejor, las Guerras Sagradas, son la batalla entre las diferentes fuerzas que han buscado hacerse con el poder. Las guerras son infinitas y cíclicas. El ganador de cada guerra tiene el derecho a gobernar el mundo durante un año platónico (25776 años) y a modificar los hechos y conocimientos que se tienen de tiempos anteriores. Las fuerzas antinatura ganaron la última Guerra y han modificado para que la magia muera y no exista posibilidad alguna de ser derrotados. Así comienza nuestra era, contaminando y mintiendo, haciéndonos creer que los pueblos antiguos no eran más que pequeñas comunidades perdidas en el continente, en lugar del pasado glorioso que aconteció realmente.

                Habrá una nueva Guerra que se dará inicio en 2036 con el Proyecto Babilonia en América. Este hecho desbalanceara las cosas y la magia volverá, devolviendo el caos al orden establecido. Habrá una época confusa sin arribas ni abajos, una época borrosa difícil de entender, dónde la magia gobernará y nuestros sueños se desbordarán sobre la tierra. Será llamada La Era de la Anarquía, pues nadie gobernará del todo, más que hombres poderoso. La Tierra se quemará y será reconstruida de nuevo, algunos recuerdos de Nuestra Era (Conocida como La Edad de la Ignorancia) sobrevivirán y se confundirán. Habrá Nuevas religiones basadas en libros de Borges y Álbumes de Rock, como 2112. Y los Dioses regresarán a la Tierra. Grandes héroes y Villanos se enfrentaran hasta que el orden se restablezca de mano de las nuevas fuerzas en conflicto: La Sagrada Iglesia del Dios de la Luz, conocida como La Alianza; que buscarán el asesinato de la magia siguiendo el legado de los Antinaturales; y los Indóciles, nuevos pueblos aborígenes que buscarán la comunión con la naturaleza y la comprensión intuitiva de la magia, con responsabilidad y armonía.

                Ésta era pasará, y comenzará la Era Samética, cuando la magia sobreviva pero éste controlada y Cleomenes de Samético recorra el mundo para escribir nuestra nueva historia. Grandes ciudades se alzarán: Santa Imperatriz, Nueva Virgen de la Tirana, Insurgentes de Río Grande, Liga Plateada, San Caos, Ciudad Purgatorio, Ciudad del Crimen, Milodón City. La guerra continuará, secreta, conspirando los unos y los otros. Los equipos variaran, pero siempre existirán Naturales y Antinaturales.

                Los XIII de la Muerte serán la última fuerza natural en defender la Tierra, fracasaran ante un enemigo insospechado. Grandes Hombres de nuestra era abandonaran la Tierra para retraerse en el estudio de las Artes Ocultas, cuando la magia deje de ser un licor fuerte y se convierta en un vino avinagrado. La última esperanza estará fuera de la Tierra, dónde la Guerra Secreta ya no tendrá sentido.

22.1.12

Tres escenas para el Rey de los Piratas

1.- Enciclopedia Samética; Pg. 397, Volumen III

    "Hay varias versiones de la historia de Rex San Lobo. La primera, muy probablemente la más precisa en cuanto a hechos históricos, habla de un hombre joven, burócrata encargado del departamento de integración de Milodón City, que entre otras cosas era amigo y hombre de confianza del montonero y saqueador Espartaco Monterrosso. SE dice que una noche se fueron de copas, Rex, Espartaco y un par de amigos más, a un tugurio de mala muerte, dónde tuvieron un malentendido con una brigada de truhanes que los superaban ampliamente en número. En lugar de huir, el grupo ofreció pelea, y contra todo pronóstico, salieron victoriosos, ganándose San Lobo el epíteto de "El Asesino de Mil Quinientos". Está victoria le significó popularidad y liderazgo, al punto de convertirse en el brazo derecho y contra parta de Espartaco: mientras el mulato asolaba la tierra, Rex se movilizó por mar, dirigiendo saqueos y asolando puertos, escapando de su vida monótona. Su particular forma de ser y su ferocidad al mando de la tripulación le valieron el título de "Rey de los Piratas"
    A su muerte a manos de la policía Urboria, su mujer, Adelleda Michoacán, tomó el mando de la tripulación, haciéndose cargo de las operaciones de guerrilla marina de los montoneros, y manteniendo durante años el reinado del terror del difunto rey.
    La versión "Legendaria" nos habla de un Rex San Lobo, ya Asesino de Mil Quinientos y Rey de los Piratas, imbuido de habilidades inimaginables a nivel humano. Son estos "poderes" los que lo habrían ayudado a escalar tanto en el mundo de la violencia. A la muerte de su amada Adelleda, Rex se retrajo a sus cuarteles y no se le vio por un intervalo de al menos dos años. Si bien seguía dirigiendo a sus hombres desde las sombras, pasó a una categoría de leyenda viviente y mucha gente comenzó a olvidarlo. Sus hombres le obedecían ciegamente sin saber bien qué estaban robando, hasta que un día emergió de su escondite y reunió a toda su flota para darles un discurso. No parecía haber envejecido un día. Les contó la historia del Capitán Cornejo, militar de Nueva Cummings, que en busca de un soldado perdido había dado con las coordenadas del Infierno. "El asunto es simple", dicen que dijo Rex; "Si se puede alcanzar el Infierno, entonces es también posible alcanzar el Cielo".
    Todo su plan se destapó: los robos de los últimos dos años eran tecnología de punta destinada a convertir la flota de barcos piratas en naves voladoras, con el objetivo final de asaltar el cielo y reducirlo a cenizas.
    "Así me vengaré de Dios por quitarme lo que yo más amaba"
    Los Barcos Voladores surcaron las nubes en busca de la inalcanzable morada celestial. Contra todo pronóstico, los mugrosos piratas hallaron el Cielo, en dónde se trenzaron en cruenta lucha contra los ángeles que protegían el lugar, enfrentando carcomidos machetes y oxidados cañones iónicos contra lanzas angelicales. Estuvieron a un paso de lograr su cometido, pero cuando Rex se aprestaba a quemar las puertas del Cielo, algo inesperado ocurrió.
    Adelleda se apareció frente al Rey de los Piratas.
    Dicen que dijo:
    "Amor, las cosas no siempre son como deseamos, no puedes luchar contra el destino"
    Dijo:
    "Mira nada más lo que eres capaz de hacer: con tu sola voluntad has alcanzado un lugar que para muchos no es más que leyenda"
    Dijo
    "Eres poderoso Rex, pero en esta vida hay cosas más poderosas que tú. La venganza no conduce a nada ¿Cambiará algo quemar el cielo y asesinar a Dios? ¿Hará esto que yo vuelva a la vida? Sabes que no. Te amo, y siempre lo haré, pero lo has arruinado todo. Ahora nunca podrá volver a este lugar. Dios es más poderoso que tu ira"
    Entonces los buques perdieron sustento y cayeron al mar. Casi toda la tripulación murió, salvo los más fieros y hábiles. Pero el Rey de los Piratas no murió: Desde aquel día pesa en él la condena de la inmortalidad, aquella que le impide volver a ver a su amada más que en sueños. Porque es  el hombre más miserable y solitario del mundo, porque las puertas del cielo están cerradas de par en par para él, y sus blasfemias no son bienvenidas ni siquiera en el infierno."

14.3.11

SIETE

El primer héroe reconocido de nuestra cultura es Quiltrón, el Perro del Desierto. Se dice que medía dos metros de altura y sus músculos eran duros como la roca. Creció lejos, en nuestro hogar original...

    Vastos campos de maleza verde y dura, a lo lejos se divisan árboles coníferos. El aire es frío y limpio, y el olor a tierra, profundo. DE rodillas cerca de unas rocas, un niño juega persiguiendo bichitos y escarabajos. El niño es Quiltrón.
    Quiltrón crece persiguiendo guanacos en los cerros y es rápido como un ciervo. Tiene la fiereza de una jauría de sabuesos. Pronto deja de ser el niño que jugaba y crece de manera sorprendente. Es alto como una araucaria y fuerte como una montaña. Sus cabellos son negros como la noche y su piel tiene el fulgor del bronce. Es capaz de derribar a un caballo encabritado agarrándolo de las orejas y de derrotar a una docena de hombres sin transpirar ni una gota. No viste más que unos sencillos pantalones de cuero, una piel de puma amarrada a la cintura y una capa negra de lobo marino. Con eso es capaz de resistir cuarenta grados de calor y más de veinte grados bajo cero cada vez que se marcha a alguna jornada. Es amado y admirado, pero todo esto no es suficiente, porque su padre es Lorka, el más fuerte de todos, y planea para su hijo un destino poco satisfactorio. Quiere que Quiltrón sea el Guardián de la montaña, cosa que su hijo no comparte. Los guardianes desperdician su vida mirando el horizonte, contando estrellas hasta que ya no se distinguen a sí mismos de las rocas que conforman la montaña. Todo para prevenir la llegada de algún invasor. Quiltrón confía en la fuerza de su gente, y cree que de ser atacados podrían repeler con facilidad a los enemigos. El desea abandonar la tribu y conocer el mundo. Discute con su padre y este le deshereda y le expulsa. Todo el pueblo llora la decisión, porque Quiltrón es el mejor cazador y guerrero del Bokén. Todos lloran, excepto Quiltrón, que coge su arco, su carcaj, su morral y se marcha. Irónicamente, Quiltrón se establece en la montaña y desde ahí vigilia, pero la aldea. Un día despierta y lo ve: Una Nube de humo negro que viaja rauda por el cielo. Era la primera amenaza: los Kamstöuth, aves negras.
    Las aves negras eran los Soldados del Imperio Kaprtha, y buscaban sojuzgar a las demás razas. Eran menos de cincuenta y sólo ellos bastaron para reducir a los casi quinientos guerreros del Bokén. Hasta que hizo su aparición el más poderoso de todos. Quiltrón expulso con facilidad a los conquistadores, pero no regresó al pueblo ni hablo con su padre. En lugar de ello se acercó a Buazka, líder de los Kamstöuth, e hizo un trato con él.
    Si juraban no intentar conquistar ese pueblo de nuevo, él se uniría a ellos y les otorgaría la fuerza de su brazo y el valor de su espíritu.
    El deseo de Quiltrón era viajar, pero su acto fue más altruista del que se podría esperar. Liberó a su Gente de la amenaza, como un Guardián de la Montaña digno. Su padre quiso besarlo y agradecerle, pero Quiltrón ya se había marchado.
    Buazka dirigió a su ejercito a la playa, y llevandose a Quiltrón, aparte, le dijo:
- Desde hoy eres nuestro campeón, el Sabueso de la Noche. Lucharás junto a nosotros y te convertirás en nuestro hermano, y esperamos que eventualmente seamos todos juntos un solo organismo, un único guerrero de cien brazos que lucha unido e intuitivo. Te doy la bienvenida, Quiltrón: Que la Madre Noche nos haga más fuertes.
    Y terminado su discurso, señalo el mar. Y el mar escupió una lanza blanca que fue a clavarse a los pies de Quiltrón.
- Esa es la Nastar, una lanza de una sola pieza hecha con el hueso de una ballena.
    Quiltrón miró el arma, que sobrepasaba su estatura, y dijo:
- No existe tal animal sobre la faz de la Tierra.
- En la Tierra no, hermano. En el mar. El mundo esta lleno de misterios, y si viajas con nuestro ejercito, los Kamstöuth, aves de la noche, escuadrón de exploración y conquista del Imperio Kaprta y de Nuestro señor Tiahuanka, entonces podrás ver mil maravillas, las cuales solo la Madre Noche sabe que existen.

    Ese es el comienzo de la gesta, que oí cuando era muy niño, y que años después tuve la fortuna de presenciar representado en una obra de teatro. Así era Quiltrón, o por lo menos, esa es la imagen qe tengo del Héroe.

12.2.11

UNO

    La lanza se hundió en pecho del traidor. La herida dejo brotar la sangre, caliente, espesa. Travis quitó el arma y lamió la hoja en un gesto de bestialidad. Sabía lo que quería, y lo que hacía. El trabajo ya estaba listo, desde hacía horas. Él sólo se estaba divirtiendo. En el suelo, el traidor moría. En el cielo, la mañana, blanca, era hermosa. Se preparó para acabar con la víctima. Pero entonces interrumpió.
    Él, con el cabello ensortijado y la espada asida firmemente con ambas manos, blandiéndola al compás de una danza brutal.
    Lancelotl.
    ¿Qué sigue después? ¿Cómo acaba la historia? Esa es la parte en la que suelo interrumpirme, pues no viene al caso seguir. Todos conocen el final del cuento, ya que Lancelotl siempre gana. Esa historia se la contaban a tus abuelos cuando tenían la mitad de tu edad, amigo. Porque la tradición oral es fuerte en nuestra tierra, y yo también fui parte de ella. Pero yo oía otras historias, historias de la Madre Noche y del héroe Quiltrón. Y de cómo se forjó la Espada de Oro. Y después me tocó a mí ser parte de esas historias, y aprendí algo: hay una razón por la que Lancelotl siempre gana en las historias. Y es muy simple: porque nadie cuenta las historias donde pierde. Fracasó mil veces, pero la gente recordará no el día en que la hija del carpintero fue asesinada sin que el héroe pudiera hacer nada para detenerlo, si no que hablarán de cuando destronó a Siegmund McSeth de las tierras del Este.
    Esta, por si les interesa, es mi historia. He tenido muchos nombres, pero me reconocen por uno.
    Mi nombre es Lancelotl. Llámenme como quieran.

23.12.10

Viajero

  Le ví por primera vez en la Estación Central. Había llegao (decía haber llegado) en un tren desde Rancagua, para ver a un familiar suyo que se encontraba enfermo. Yo en esa época era un jóven entusiasta y crédulo. O sea, me había comprado el cuento de la UP y su Hoz y Martillo democraticas. Así que cuando se acercó a mi pidiendome ayuda para transportar sus maletas, no me negué. "Solidaridad, compañero" me dije pa' mis adentros. El caballero dijo llamarse Carlos Lastra, y animosamente, sin caer nunca en el abuso de confianza, comenzó a meterme conversa. Me habló de su sobrina a la que venía a ver, que estaba enferma de la gota en Santiago buscando tratamiento, pero hechaba de menos a su familia. Era amistoso y respetuoso, pero ya entonces yo sentí que habia algo... "diferente" en él. Sin embargo, no mentiré: se ganó mi confianza rápidamente, y cuando salimos de la Estación me ofrecí incluso a buscarle un hostal para que se quedará. Finalmente accedió a quedarse en casa de mi abuela, que por ese entonces arrendaba un cuarto, ya que esta quedaba cerca de la residencia de su sobrina. Ese fue el comienzo de una serie de sucesos que a veces me cuesta entender un poco.


Debo añadir que yo era, en ese entonces, además de un engrupido de la Tercera Vía, era un participante entuciasta de las obras de ficción. ¿Por qué, se dirán?¿Por qué si en esa época primaba lo social, lo autentico y real, si le habíamos diche "Sí se puede" a dos megapotencias, por qué alejarnos de un mundo material y tangible? Pues precisamente por eso: habíamos logrado, en una nación pobre y piñufla, lo que en ningún otro lado se había ni siquuiera concebido o imaginado. Habíamos hecho algo imposible: habíamos creado una nación socialista por vía democrática. Recuerdo con nostalgias aquellos años, cuando se sentía en las calles el olor a pólvora, a empana' de pino y a vino tinto: El sabor de la revolución. Si habíamos logrado algo imposible ¿Por qué no soñar más?¿Por qué no aceptabamos que todo es imposible hasta que alguien lo hace realidad? Viajes espaciales, civilizaciones perdidas, teconología híbrida, conocimientos revelados. Eso quería soñar yo. Y Aquel imaginario se nutrió, bebió con deleite y desesperación de la abundante copa de Carlos Lastra. Creo que llegó la hora de describirles un poco a este sujeto. Carlos Lastra era un hombre regordete, de unos cincuenta años, de cabello completamente blanco peinado hacia atrás, de rostro afeitado y con un tenue olor a colonia barata en la ropa. Vestía sobriamente con camisas y pantalones de tela poro jamás le ví coin corbata, así que tampoco creo que haya sido demasiado burgués. No compartía mis ideales políticos pero tampoco era contrario a ellos. Parecía vivir su vida indiferente a la revolución del país, muy distraído, o quizás concentrado en cosas que nadie más parecía tomar en cuenta. Veíamos juntos los discursos políticos de Compañero Presidente o de sus colaboradores, y comenzé a notar, con el tiempo, que Don Lastra parecía revisar cada palabra de lo que se decía en ellos, como si buscara alguna pieza inconexa o faltante. A veces, al concluir los discursos, sonreía, y se retiraba feliz a sus aposentos. Pero otras veces negaba con la cabeza y entonces era díficil sacarlo de ensimismamiento. Pero todo esto no son si no detalles que yo notaba a penas, preocupado de cambiar el mundo en una revolución social, política e intelectual.

Un día Don Lastra fue hasta mi casa para pedirme ayuda con un a carga que le había llegado desde Iquique, y me encontró leyendo Los Altísimos. Le sorprendió que me interesara en fantasmagorías como aquella, pero lejos de disgustarse se srprendió y comenzó a hablarme de un modo distinto al habitual.

- Muy bien, Julio. Me llama la atenciónj que un jóven revolucionario como tu lea este tipo de cosas.
- Me gusta mucho la fantasía de este hombre. Es un visionario, se lo digo yo. Yo lo hace en Chile, en dónde todo se puede.
- ...
- ¿Se imagina usted? El futuro puede ser así, es más: será así. Se lo aseguro.
- Quizás te estás adelantando demasiado, Julio. Según mi punto de vista, Correa es interesante,si, pero carece de detalles que justifiquen su visión. Su fantasía se aleja mucho de nosotros, en lugar de adentarrse en nuestro ser. Si quieres leer algo bueno de Chile te recomiendo Alsino.
- ¿Alsino?
- De Pedro Prado. Un viaje, Julio. Dónde nada es imposible. Volar. Creer. Viajar...
- No lo sé, esa literatura me parece densa.
- Dale una oportunidad. Una para nuevas ideas: Wells, Borges, Lovecraft, Bradury, Baradit...

Hablamos toda una tarde, pero yo estaba condenado a  perder esa discusión. Sin embargo, a partir de entonces mi cercanía con Don Lastra se hizo aún más estrecha, y pude oír de él historias extrañisimas, fabulosas, increíbles, sacadas de un imaginario tan nutrido que a veces me dejaba tentar por la idea de que aquellos hechos debían ser reales, porque ninguna mente humana podría haber inventado tantas cosas.
Noche tras noche, durante todo un año, oí las interminables historias. Hay un mundo paralelo al nuestro, similar a la Tierra en algunos aspectos, pero de ningún modo igual a ella, porque esta es una tierra mágica, el Kunturmapu, donde la magia de nustra gente aún no se extingue, y poco a poco me fui enterando de su historia retorcida y de su geografía imposible. Supe de Neojerusalén en el año 67, porque el mundo quedó destruído y hubo que comenzara  contar de nuevo. Supe de Sephirot, la ciudad primigenia donde nació la primera guerra que liberó todo, para llevarnos a un lugar donde no hay ni arriba ni abajo. Ví con exactitud al jóven que caminará en ochenta años por las desiertas calles de Santiago, en el preciso instante en que las bombas atómicas detonan sobre su cabeza. Conocí la historia del Inhumano, del Mestizo Sigfried que debió ser criado por Linko Nahuel, de cómo murieron los Grandes Héroes de la Tierra y cómo de a poco José Alejandro Lircay reformó las Tropas del Sol, para encabezar como Toqui Esmeralda el último asalto desde el Melimoyu, el día de la Guerra Final. Supe que en tres milenios, más o menos, Alexander Delacroix redescubrirá la tecnología más simple del final de nuestro siglo, y le dará un uso incorrecto y Torcido. Vi que San Ciego nacerá en las ruinas de Tokio y viajará hasta Santa Imperatriz para fundar los Aukenk. Me enteré que cuando dejemos de contar los años la troupè de Adam recorrerá la tierra contando historias, y que seiscientos años despues Cleomenes de Samético hayará los manuscritos apócrifos del Biocore. Vi el proyecto Babilonia en el año 2036, vi a los niños explotar desde adentro en un otoño sangriento, hablé con Tep antes de abandonar Tloxoc, escuché la cronica fidedigna de como Roberto Rubio fue llevado al centro de la tierra por deidades extraterrestres, leí el final de esta historia, y, a través de los relatos de Lastra, me enteré de un sinnúmero de historias más que me es imposible recordar en este momento, y que espero poder escribir algún día.

Mi cabeza bullía con la información que contaminaba mi cerebro, pero entre toda la niebla sólo podía distinguir un par de cosas: uno, que me iba a volver loco si seguí así. Dos, que después de la primera vez, Don Lastra no había mostrado gran interés en verla y se había dedicadoa  visitara  gente y recibir encomiendas, lo que me decía que su interés real en el asunto era puramente estratégico, y que sus reales intenciones eran otras. Entre la gente que visitó, puedo contar a Miguel Serrano, que hasta el día de hoy me causa asco y repugnancia. Otro detalle extraño, que no lograba entender, es que el escritor nombrado por Lastra, Jorge Baradit, no existía. Al menos, yo no lo hallaba por ningún lado, y al único que pude encontarr bajo ese nombre en el registro civil, fue a un niño de tres años. Ahora lo veo todo claro, y me siento imbécil, pero entre tanta tontera, al pasar de los años, no me dí cuenta de lo que iba a suceder.

Tiempo, esa es la palabra clave.

Cuando fui a increpar a Carlos Lastra, me lo encontre arrodillado. Alguien lo había apuñalado. Logré ver a la persona que lo había herido, pero por alguna razón, mi mente no logra retener la imagen en la memoria. Cuando via  Don Lastra tirado allí, olvidé todas mis paranoias y corrí a socorerlo, mal que mal, era mi amigo, mi compadre. Pero el, respirando con dificultad, no presto atencion a su herido, si no al hecho de estar imposibilitado. Una vez más, concentrado en cosas que a nadie más importaban.

-Julio...

Debí verlo venir. Debí prever el final.

-¿Qué pasa?
- Julio... ¿Qué fecha es?

Mierda

- Nueve de Septiembre de mil novecientos setenta y tres, don.
-Tan cerca...

Allí murió, en mis brazos, y días después el Golpe nos despertó bruscamente de nuestro sueño. Su nombre nunca fue Carlos Lastra Riquelme, y no sé de dónde vino. No tenía carnet ni seguro ni vivienda. Su "sobrina" desapareció semanas antes. Así que no sé como concluir esta historia. Pero hay algo que quedó grabado en mi mente: sus últimas palabras, que expresaban la frustración de un viajero que no ha logrado alterar el curso de los acontecimientos.

16.12.10

Fábula del Zorzal y del Hombre

Era el lugar más hermoso de la tierra. Un pequeño reducto ruralalejado de la cacofonía de la city. Allí, entre dos montañas, había un claro de arena roja y hierba oscura y fresca. Altos árboles coronaban la explanada, y el cielo se hallaba zurcado por innumerables zorzales que habìan hecho del reducto su hogar.

En verano la joven zorzal estaba sentada en su nido, sabiendo que ya era hora de ver nacer a su progenie. Cuando el primero de ellos rompio el cascarón, el sol pareció brillar con más fuerza, y sobre la superficie del lago se dibujaron los colores más hermosos que han recorrido alguna vez la Tierra. Fueron cinco nuevos zorzales en total, y hacia el final del verano emprendieron el vuelo por primera vez.

Cuando el otoño se presentó los niños-zorzales ya volaban impetuosamente, sin respetar nada a su paso, y sabiendo que nada en la vida era en serio. Pero el otoño no llega en vano, y a mediados de la estación el alimento escaseaba y todas las familias de aves en la redonda se habían refugiado ya, bien equipadas con lo que habían recolectado durante el periodo estival. Los jóvenes zorzales no querían guardar alimento para un futuro incierto. Deseaban vivir el aquí y el ahora, y consumirlo todo.
Hayaron, alzandose al cielo como una torra majestuosa, al último girasol de la temporada. Y como voraces marabuntas se abalanzarón sobre ella, tan precipitadamente que terminarón desarmandola, y rodaron por el suelo junto a ella. Cuando la madre llegó los encontro resoyando los picos y llorando de rabia y frustración. La sabia zorzal les enseñó entonces la lección. Recogió una a una las semillas desperdigadas por el piso, y las dividió en ocho partes iguales. Una para cada zorzal jóven, una para la madre, una para el invierno. Los niños no entendían para qué era la última parte. La madre abrió con su pata un zurco en el suelo. "Porque aquello que tomamos de la tierra, asimismo debemos devolverlo". Los niños entendieron por fin que la Gran Benefactora también nos necesitaba a nosotros.

Llegó el invierno, llegó la muerte. Y los pequeños zorzales se acurrucaron en rededor de su madre, que los cobijaba con su plumaje. Y les decía a al oído las palabras que necesitamos escuchar en esos momentos, aunque la esperanza sea mentira, sea sólo esperanza, de todos modos nos sentimos mejor. Y quizás un día lleguemos más lejos gracias a esas insignificantes frases, y ya no serán insignificantes.

Regresó la primavera, y con ella el inmenso vals de aves adornando la cúpula de aquella catedral. Y cuando los niños zorzales, convertidos ya en hombres zorzales, se dirigieron al lugar en donde habían hallado el último girasol de la estación, descubrieron con satisfacción que un pequeño campo de aquella preciada flor había comenzado a brotar allí. Y se sintieron, por alguna razón desconocida, felices y satisfechos.

Llegó el verano, y con él el Hombre. El hombre cortó todos los girasoles y los hechó en su camioneta. El vehículo al partir ensució el aire. Quemó los pastizales y secó el lago, porque quería edificar algo allí. Con su escopeta hirió la atmosfera, y una a una las ves cayeron sin vida. Él las hechó en un saco y se las llevó, para comerse una o dos. El resto fueron acribilladas sólo por vicio.

Una a una las zonas vecinas callerón también bajo la influencia del hombre, que nunca se saciaba, y siempre quería más, siempre le pedía más a la Tierra, porque ella ya no era su benefactora: Era su puta personal, sodomizada y atada de manos y pies a una cama  mugrienta mientras el afilaba el cuchillo para penetrarla.

Ya no crecen en el claro más girasoles, ya no zurcan por el cielo los zorzales.

25.11.10

Azul

Y llegó a mis oídos así, casi por casualidad. Debían ser tres o cuatro días antes del día de la madre, y me di cuenta que mi cabello había crecido demasiado. O sea, en exceso no, nrmal para la vida en la urbe, pero muy largo para las oficinas. Y quizás yo no era un trabajador estrella, pero quería entregar al menos una imagen presentable.

Mi pega era extenuante, entraba a primera hora y salia con tiempo para llegar a la casa a dormir 7 o 6 horas. Y ya estaban casi todas las peluquerías cerradas. Excepto esa. Una pequeña luz en medio del persa gris. Un cuartucho, de no más de 3 metros cuadrados, con una señora, de unos cincuenta años, cortando pelo adentro.

A esas horas todos se habia ido a casa. Pero había alguien en la peluquería. Una viejecita, dandose una manito de gato. La peluquera sonrío al verme en el umbral y me abrío la puerta. La anciana también sonrío al verme ahí, y exclamó:
-¡Que bonito jóven!
Espere mi turno educadamente, como me habían enseñado en la oficina. Y fue allí, precisamente, donde la oí.
Fue la peluquera la que empezó a hablar, y oí en silencio la conversación de las mujeres.
-No me gusta el día de la madre
-¿Y por qué?
-No sé, me molesta no más
-A mi me gusta. Me vienen a ver mis hijos. Tengo uno en Osorno, está más grande...
-Yo no lo celebro.
-¿Y sus hijos?
-Yo no tengo hijos, nunca quise. ¿Para qué?¿Para que se queden solos?¿Para llenar mi vida?
-Es lindo. Yo antes iba a ver a mi mamá.
-Tal vez por eso no me gusta.
-¿Qué pasó con su mamita?
-Murió. Murió cuando yo tenía dos años. En un accidente.
-¡Valgame!
-Si. Sabe, murió camino a La Serena. Y me iba a llevar, pero ese día se me ensucio la ropa y decidio que me mandaran despues. Fue como un impulso.
-El Señor.
-El Señor.
-Que pena
-Por eso no me gusta.
-El Señor le mostrará a su madre.
-El Señor ya me la mostró, señora.
-¿Cómo así?
-Mire
Saco una foto del cajón. Ahí, en blanco y negro, había una mujer, crespa como la peluquera. Quizás más joven. Su madre.
-¿en la foto?
-En un sueño. O quizás no...
-Que es rara usted para hablar
-Es que fue raro. Yo estaba sola en mi casa, tenía como ¿10 años? Una vez me quede sola. Vivía en una casa grande, con mi tía. Y me quede sola, y me dio sueño y me quede dormida. Y tal vez, desperté, o soñé que desperté... Y ahi, junto al ventanal abierto estaba ella. Cuando murio se había alisado el pelo, asi que asi se me mostro, pero era ella: Delagada, trigueña, de cabellos negros y lisos, profundos ojos ambar... y un vestido azul.
Me sobresalte con la última parte.
- Le conté a mi tía, y me dijo que si, que era ella.
-Que bonito.
-Si. Ya no necesito celebrar tonteras.
-Fue un regalo. Un regalo del señor.

Fue un lindo relato, intimo. Casi me senti invadiendo la privacidad de la señora, como si la hubiera espiado mientras se cambiaba calzones. Y fue por eso, por verguenza, o quizás por amabilidad, que me dio no se qué decirle que no había visto a su madre, y que solo la Muerte se viste de Azul.

12.3.10

Mesmerismo

Ideamos la cámara de Moxibustión bazados en antiguos criptogramas que hayamos en las catacumbas Olmecas. Con ligeros ajustes nos aprestamos a comprobar elpoder del Jade y la Magnetita. Pero nos asaltó una duda: 
¿Podía realmente aquella estructura preservar a una persona?
¿Y... de algún modo, lo habían hecho ya?
Volvimos a las ruinas, adentrandonos en lo más profundo e inexplorado de su arquitectura. Descubrimos, no sin esfuerzo, una habitación que había permanecido intacta durante más de de cinco mil años. Dentro, ataúdes de Jade nos esperaban. Abrimos cada una de esta crisálidas encontrándolas... vacías. El miedo y la inquietud experimentados hasta ese momento, en donde esperabamos algún descelace del tipo "La Momia", no pudo más que suscitar carcajadas entre nosotros, aliviados ya de la tensión.
-Bien, será mejor que nos vayamos- dijo.
-Espera, tomaréuna foto más y te sigo.
Se volteó. Me distraje sólo un segundo y oí un desagradable sonido. Como el de una sandía al reventarse. Giré bruscamente sólo para vislumbrar, de manera fugaz, a mi amigo,tendido en el piso, muerto y decapitado, y a su lado un mocetón de dos metros, ataviado con plumas de águila, que me golpeócon la cacha de su macahuitl. Caí incoceinte. Pero antes de desvanecerme por completo noté cómo aquel guerrero anacrónico me tomaba en brazos y se acercaba a uno de los ataúdes.
No sé cuánto tiempo estube en estado catatonico.
Al salir de aquella pupa caminé, sorprendido por la aridez del paisaje, Recojí mi cámara, pero esta se disolvió en polvo en cuanto la toqué.
Y entonces supe cuánto tiemp había pasado.
El mundo ya había cambiado.

4.3.10

Solos

A veces, sólo a veces, me siento también como un quiltro, de esos encorvados y raquiticos que caminan  a la deriva por el Arrabal. De aquellos a quien todos acarician pero que nadie se llava para la casa. A veces, sólo a veces, lo juro. Recojo mi cuerpo y salgo a vagar por estas calles.
No sé si valga la pena presentarme. Con el tiempo sabrán mi nombre. Lo único que vale la pena saber por ahora es que no tengo hogar. Porque soy un vagabundo, un vagabundo interestelar. No soy de acá. Llegué a este lugar por osmosis, huyendo de remordimientos de vidas pasadas, por haber cometido pecados patéticamente similares a los vuestros, en un mundo patéticamente similar a este.
Huí de mi tierra natal ahogado por la mierda de vida que allí llevaba. Atravezando murallas, cambié. Me dormí en el viaje y para cuando recupere la conciencia ya estaba aquí. Este lugar... los colores son tenuemente distintos y el aire ligeramente más liviano. Pero en escencia es lo mismo que mi mundo. Acá la gente también corre de lado a lado sin tiempo para pensar, siempre apurada, drogandose de vez en cuando, saturando sus cuerpos con alcohol, grasas y azucar; y sus mentes con porno, deportes y culebrones de bajo presupuesto.
A veces... sólo a veces, lo juro. Pienso. Y me confundo y creo que jamás huí, que sigo en mi planeta. Pero sé que no, porque las caras acá son distintas y los nombres que escucho no me suenan de ninguna parte. Hubo que adaptarse a este lugar. onseguí trabajo para subsistir, masticando sus alimentos mutantes, sus vacas transgenicas. Trabajo frente a un ordenador, que es lo más cercano a casa de lo que nunca podré estar. Por que este mundo, este mundo es igual, pero también es distinto, y a veces miro las estrellas y siento nostalgia. Pero perdí el camino, y ya nunca podré regresar.
De noche salgo a caminar por las aceras frías, tratando de recordar. Mi Mundo. Ahora lo extraño. Porque allí al menos odiaba, y el odio también es un sentimiento. Y los sentimientos mantienen vivo el corazón.
Sé que jamás regresaré a mi planeta, azul y redondo, con nombre de Diosa. Y es gracioso. Es gracioso, porque muchos matarían por estar en mi pellejo. Muchos matarían por estar en mi lugar. Se maravillarían con este planeta y con sus personas. Sus ojos se llenarían de lágrimas al exclamar "¡No estamos Solos!". Es gracioso, porque se equivocan. Es gracioso, porque si lo estamos. Sólo a veces, pienso. Y lo juro. Vayamos donde vayamos, estamos solos.

4.2.10

Nuestra Herencia

Me alegra que hayan venido.
Primero que nada, decirle que esto ya ocurrió, y seguirá ocurriendo, mientras la rueda del Universo siga girando. Mientras la existencia siga respirando en un ritmo acompasado, les diré esto que ya les he dicho unas mil veces, mil veces más. Porque nuestro destino es regresar acá.
Muy bien, hermanos, ahora escuchen con atención. Porque esto que les voy a decir ahora es un secreto.
Esto me fue narrado a mi hace años, cuando aún no dejaba de mamar de la teta de mi madre. Pero todos sabemos que el tiempo es una ilusión, así que la narración no fue más que un recordatorio de aquello que ya me habían dicho.
Es la historia de nuestra Tierra, de nuestra Herencia. De como vivía libre, y de como fue luego encadenada e infectada con una guerra que no le incumbía, una Guerra que ha durado de por Vida.
América como un atolón gigantesco en donde florece la vida. En la época en que el continente flotaba, levitaba por sobre el nivel del mar, y se alargaba hacia el Sur, descendiendo como una ladera el camino que le conectaba directamente con la Antartida, el desierto de hielo que nos comunica con El Otro Sitio. Ameríca, distinta a como la conocemos, separa y unida en grandes masas de Tierra. Islas flotantes y nuestra gente acostumbrada al paisaje antigravitatorio.
América, tierra de gente Roja que respiraba vida, que cada vez que tomamaba algo, lo devolvía luego a la Tierra para mantener la armonía y el equilibrío. Gente que edificaba Imperios usando el oro y el barro por igual, porque no eran más que materiales a mano, como los siguen siendo hoy, pese a la ilusión del Valor. Gente que caminaba descalza por la tierra ardiente y desnuda por las cumbres Gélidas. Tierra de cazadores y chamanes que sabían para qué vinieron al mundo.
Aún había ancianos, tan antiguos como el tiempo mismo, que recordaban como nuestros Dioses antiguos dieron forma a esta Tierra como consecuencia de sus luchas colosales. Los más viejos narraban el sacrifico de los Siete pra dar vida a un nuevo Sol sobre nuestras cabezas.
Otros narraban la historia de los remeros polinesicos que mediante cuerdas remolcaron por el mar la Isla de Pascua, como le llaman hoy día. Los ayudó un Golem gigante de su propia manufactura, un Moai vivo, como todos los de la Isla, la verdad.
Tambien recuerdan el regaló de la Antartida, el hombre que sacando un trozo de su propia tierra y moviendola con Maná, hasta dejarla cerca de la Patagonia. Por esos los ingleses mostraron tanto interés en ella. No se llama ni malvinas ni Falkland, ni siquiera yo sé su nombre secreto.
Otra Isla, muy antigua y poderosa, calló en esos días desde el cielo. Tomó tiempo que se enfriara y aún más que los árboles quisieran colonizarla. Caundo la mapu la adoptó como una de sus hijas, nos sentimos muy contentos y celebramos aquel regalo de origen desconocido. Con el tiempo esa Isla, Chiloé, sería capturada por la Recta Provincia.
Los Dioses Nuevos llegaron, ellos son nuestros Padres. Mucho me temo que no los conozco a todos, y sólo he hablado con un par de ellos.
Wiracocha, el que camina como espuma sobre el mar, caminaba por esta tierra sin miedo, saludando a cada pequeña hoja y cada pequeña piedra que veía, porque su corazón latía con la Tierra. El nombró a su regente en la Tierra, y el Inca, Hombre Rojo como nosotros, aceptó con el pecho lleno de orgullo.
Qetzalcoatl también volaba en esa época por acá, y cuando sus plumas llovían sobre nuestras casa nos sentíamos seguros y alegres, porque los Dioses vivían entre nosotros y nos hablaban y escuchaban. La Serpiente Emplumada fue nuestro guardián durante mucho tiempo, y aprendimos de ella casi todo lo que hacía falta para sobrevivir en este mundo, como girar el nahuatl y escuchar el viento. Y los Guerreros Jaguares que bajaron primero nos enseñaban a construir armas y herramientas, porque derramar sangre a veces también era necesario. También era parte de la naturaleza.
Amaru, Kukulcán y Gucumatz eran tremendos dragones  que arrastraban la noche o levantaban el día. La Coatlicue era nuestra madre monstruosoa que nos daba de comer, y no había ataduras de ningún tipo, porque cada uno de nuestros hombres conocía su lugar en la Tierra.
Chile flotaba sobre el mar, era una Isla larga y angosta, muy por debajo de Nuestra América flotante. Allí residía la Serpiente Ten Ten, que velaba por nosotros como nosotros lo hacíamos por ella.
Y Ngechén, era el padre madre de jóvenes guerreros, audaces cazadores y sabías chamanes que se esparcieron por el mundo, llevando la semilla de su conocimiento y aprendiendo de la sabiduría de sus hermanos.
Un buen día los Yagánes se convirtieron el pájaros y comenzaron a remolcar bajo sus patas la tierra dispersa. Los gigantes hijos de Wiracocha ayudaron a soldar el territorio de un modo más armónico. Pero la Gran Isla que flotaba en el norte, donde nuetros primos Pieles Rojas veían crecer al mundo era demasiado pesada para traerla al Atolón.
¿Por que todo cambió después?¿En que momento todo se fue a la Mierda?
La serpientes son sabias, son nuestras amigas. Pero desde el Este, desde el mar, llegó una amenaza terrible en forma de vivóra que envenenaba la Tierra. Su nombre era Nidhogg, y era tan descomunalmente grande que no cabía en su propio cubil y debía morderse la cola. Ten Ten luchó nueve noches contra ella, pero gran parte del territorio resultó dañado, inundado. Se rompió el puente entre Nuestro Territorio y el Otro Sitio, al caer Nidhogg extenuada. Se desplomó sobre el mar Nuestra Colonia Flotante. Y nuestros hombres más sabios enfermaron y murieron, porque llegó la muerte a nuestra Tierra, esa extraña muerte de cansancio, de ahogo por la vida, que se lleva a los hombres. Nosotros no supimos que hacer. Nosotros, que solo conocíamos la muerte por la espada o por tragedia.
Qetzalcoatl se aleja.
Wiracocha se aleja.
Ten Ten duerme.
y la Pacha Mama enmudece.
¿Dónde están nuestros dioses?¿Por qué se marcharon?
El Sol se apagó, y en la oscuridad reconstruimos los despojos. Fue imposible reformar el puente a la Antartida. Usamos los escombros para unir el Norte con el Sur. Remolcamos Chile hasta nuestras Orillas y  la remachamos con cordilleras para que quedara bien sujeta. Lo mismo hicimos hacia el Norte con las Sierras. Algo había que hacer, aún había esperanzas de reconstruir nuestro Edén. Pero los Guerreros Jaguares luchaban entre ellos y los Gigantes morían de hambre. Era un época oscura y la enfermedad se expandía por la expalanada, haciando florecer aquí y allá seres deformes que no conocíamos.
No pasó mucho tiempo antes de que las carabelas nos encontraran, ahora que habíamos aparecido en sus mapas, abandonada nuestra seguridad de Territorio Flotante. Y el Europeo trajo consigo enfermedades físicas y del alma, y hubo peste y viruela, y hubo vampirismo y licantropía.
Y supimos de Su Guerra. Porque en sus profecías se hablaba de Judíos y Nordicos, dos pueblos elegidos para heredar el mundo que no deseaban convivir. Y supimos de la Jihad, de sus Dioses y sus Héroes. Pero nosotros somos Hombres Rojos y no teníamos por qué quedar en su maldito fuego cruzado. Nosotros No adorabamos ni a Yahvé ni a Wotan. Pero eso poco les importaba, y no dudaron en usarnos de carne de cañón y conejillos de indias.
Los Nordicos. Ellos enviaron a Nidhogg a limpiar el camino antes de que que llegaran ellos mismos. Pero cometieron el error de Romper el puente, la Bestia era estúpida y no entendía bien a qué la mandaron, salvo que tenía que comer gente roja. En su loca carrera por llegar al Otro Sitio, cortaron ese Cordón umbilical y de paso nos cagaron la existencia al desequilibrar nuestros sistemas antigravitatorios.
Luego envenenaron nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestros espiritus y nuestra Tierra. Pero aún hoy si cerramos los ojos y oimos al viento, podemos oir las historias arcanas que se escribieron con sangre. Aún hoy hay hombres, mujeres y niños cuyo corazón late con la Tierra.
Wiracochas, Gigantes, Promaucaes.
Esa es Nuestra Herencia. No tengo nada más que agregar.

Cristobal Nahuelche. Discurso Final.